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Radio Victoria

Credit: Timothy K/ unsplash

Credit: Timothy K/ unsplash

Con un calentamiento global encaminado a superar los 1,5 °C, el financiamiento para la adaptación se encuentra muy por debajo de las necesidades, la implementación está limitada por barreras institucionales, y las pérdidas y los daños siguen acumulándose, según un nuevo informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). 

El Informe sobre la Brecha de Adaptación 2026 del PNUMA: ¿Listos? No concluye que una adaptación ampliada, eficaz y bien financiada será crucial para reducir los riesgos, fortalecer la resiliencia y apoyar un desarrollo más inclusivo. Sin embargo, los flujos internacionales de financiamiento público para la adaptación desde los países desarrollados hacia los países en desarrollo están muy por debajo de las necesidades estimadas de US$ 305.000 millones anuales para 2035. Incluso si se alcanza la aspiración acordada en la COP30 de triplicar para 2035 los flujos internacionales de financiamiento público destinados a los países en desarrollo, ello solo cubriría entre el 20 % y el 29 % de lo que estos necesitan para hacer frente a impactos climáticos cada vez más intensos. 

“El mundo no está preparado para adaptarse a las condiciones climáticas actuales, mucho menos a lo que traerá el sobrepaso de 1,5 °C”, afirmó Inger Andersen, Directora Ejecutiva del PNUMA. “En la COP31 sobre cambio climático que se celebrará en Türkiye y más allá, las naciones deben centrarse en intensificar los esfuerzos para alcanzar la aspiración del Mutirão Global de la COP30 de triplicar el financiamiento para la adaptación para 2035 —al tiempo que entiendan que deberán ir aún más lejos para salvar vidas, evitar pérdidas y daños y proteger las economías—”. 

El estado del financiamiento 

Los flujos internacionales de financiamiento público para la adaptación desde los países desarrollados hacia los países en desarrollo alcanzaron entre US$ 28.200 millones y US$ 31.700 millones en 2024, lo que representa un aumento de US$ 1.000 millones con respecto al año anterior. Los flujos destinados a los países menos adelantados (PMA) y los pequeños Estados insulares en desarrollo (PEID) aumentaron en términos reales entre 2019 y 2024, pero han disminuido desde el máximo alcanzado en 2022, cuando deberían estar aumentando. 

Con base en una evaluación de las contribuciones determinadas a nivel nacional (CDN, también conocidas como NDC por sus siglas en inglés), los planes nacionales de adaptación (PNA, o NAP por sus siglas en inglés) y las estimaciones basadas en modelos, el informe proporciona una estimación central de alrededor de US$ 305.000 millones anuales en necesidades de adaptación para los países en desarrollo de aquí a 2035. Esta cifra excluye en gran medida las necesidades propias del sector privado, que podrían casi duplicarla. 

En la COP30, la decisión sobre el Mutirão Global instó a realizar esfuerzos para al menos triplicar el financiamiento para la adaptación para 2035. Dependiendo de si esa triplicación se basa en los flujos actuales o en el Pacto Climático de Glasgow, el financiamiento internacional para la adaptación aumentaría hasta entre US$ 85.000 millones y US$ 120.000 millones al año para 2035. Una vez ajustadas las cifras por inflación —para comparar valores equivalentes— la triplicación cubriría apenas entre el 20 % y el 29 % de las necesidades de financiamiento para la adaptación en 2035. De manera más positiva, triplicar los flujos destinados a los PMA y los PEID podría cubrir entre el 49 % y el 84 % de sus necesidades. 

Tendencias positivas 

El informe sí identifica algunas tendencias positivas. 

Si bien el crecimiento sigue estando muy por debajo del ritmo necesario para cumplir el objetivo del Pacto Climático de Glasgow de duplicar para 2025 el financiamiento con respecto a los niveles de 2019 hasta alcanzar US$ 40.000 millones, ese objetivo todavía podría alcanzarse. Es probable que los bancos multilaterales de desarrollo (BMD) hayan incrementado significativamente su financiamiento en 2025 —pero el logro de la meta dependerá de si los flujos de adaptación procedentes de socios bilaterales para el desarrollo se ven afectados por la disminución de la asistencia oficial para el desarrollo—. 

Los flujos financieros entre países en desarrollo también están aumentando. Las contribuciones a través de los BMD y la cooperación directa Sur-Sur pasaron de US$ 3.800 millones en 2019 a US$ 9.600 millones en 2024. Al mismo tiempo, los flujos privados están creciendo —aunque se destinan principalmente a atender las necesidades de adaptación del propio sector privado o probablemente serán financiados por los propios países en desarrollo, y podrían reducir la brecha de financiamiento de las acciones de adaptación de carácter más público en apenas entre un 15 % y un 20 % de las necesidades de financiamiento para la adaptación—. 

Pero el financiamiento por sí solo es insuficiente. El progreso también depende de una serie de factores institucionales que ayudan a traducir las prioridades de acción para la adaptación en medidas implementadas. Los gobiernos ya están adoptando medidas para fortalecer estos factores, incluyendo la adopción de leyes marco sobre cambio climático, la creación de plataformas para el aprendizaje sobre políticas públicas, la mejora de la coordinación entre sectores y niveles de gobierno y el establecimiento de mecanismos específicos para movilizar y gestionar el financiamiento climático. 

Las pérdidas y los daños siguen acumulándose 

La falta de una mitigación y una adaptación sólidas significa que las pérdidas y los daños relacionados con el cambio climático —que también pueden producirse a pesar de las acciones de adaptación— son considerables. El informe concluye que el financiamiento para las pérdidas y los daños se encuentra por debajo de las necesidades identificadas, mientras que los procedimientos complejos y la capacidad limitada dificultan el acceso al apoyo. 

Por ejemplo, la primera ronda del Fondo para responder a las Pérdidas y los Daños generó solicitudes por un valor de US$ 2.800 millones, superando ampliamente la dotación inicial de US$ 342 millones. Esto demuestra una elevada demanda no satisfecha, aunque todavía se desconoce la magnitud de la brecha mundial de financiamiento para pérdidas y daños. 

El informe concluye que existe una necesidad clara de fortalecer la capacidad de evaluación, proporcionar apoyo financiero y técnico adecuado y predecible, simplificar los procedimientos de acceso y garantizar una participación significativa de las comunidades afectadas en la definición de las respuestas a las pérdidas y los daños. 

NOTAS EDITORIALES PARA MEDIOS 

Acerca del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) 

El PNUMA es la principal voz mundial en favor del medio ambiente. Proporciona liderazgo y promueve la colaboración en el cuidado del medio ambiente inspirando, informando y capacitando a las naciones y los pueblos para mejorar su calidad de vida sin comprometer la de las futuras generaciones. 

  • El crecimiento de los flujos internacionales de financiamiento público para la adaptación se está desacelerando y aumentó apenas US$ 1.000 millones entre 2023 y 2024. 
  • Incluso si se cumple la aspiración de triplicar para 2035 los flujos internacionales de financiamiento público para la adaptación destinados a los países en desarrollo, solo se cubrirá entre el 20 % y el 29 % de las necesidades. 
  • Más allá del financiamiento, los gobiernos están fortaleciendo el entorno institucional necesario para acelerar la implementación de la adaptación. 
  • Las pérdidas y los daños están aumentando en los países en desarrollo, pero las respuestas y el financiamiento siguen siendo insuficientes.

Para más información, contactar con: 
Unidad de Noticias y Medios de Comunicación, Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente 

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