La política estadounidense de cambio del régimen cubano mediante boicot energético, amenaza de uso de la fuerza, castigos a corporaciones del sector militar, campañas de desprestigio internacional, intimidación a terceros, desinformación acerca del curso de las relaciones diplomáticas y otras acciones de desestabilización, ha sido un fracaso incesante a lo largo de los últimos ocho meses.