Skip to main content

Radio Victoria

Imagen generada por IA

Imagen generada por IA

“La tradición de los oprimidos nos enseña que el estado de excepción es la regla”. W. Benjamin

Bolivia vive desde hace meses un estado de excepción, todo porque el gobierno de Paz condenó al pueblo trabajador a vivir en más miseria, hambre, desempleo, violencia, desesperanza; mediante el gasolinazo (suspendió la subvención a la gasolina) se incrementó en un 40% el costo de vida; plantea la desnacionalización de la economía (leyes de hidrocarburos, minería, electricidad, inversiones) para favorecer al capital extranjero; reformar la constitución para prohibir nacionalizaciones, cambiar la justicia, la seguridad nacional y la ley electoral, todo ello en perjuicio del campo popular indígena. Y, por si todo lo anterior fuera poco, ha reanudado relaciones con los sionistas y yanquis para que instalen sus centros de inteligencia; sin olvidarnos del destino que tendrán más de 14 mil millones de dólares de deuda externa asumida en solo diez meses, y más de 3 mil millones de dólares, de la suspensión de la subvención a la gasolina. Entonces al pueblo trabajador no le quedó más remedio que salir a bloquear las carreteras para que el estado de excepción que sufre dos siglos se acabe de una vez, un bloqueo de carreteras con características de rebelión indígena popular y que tiene muchas probabilidades de repetirse en noviembre ante el anunció de que el litro de gasolina subirá en 100 por ciento.

Por otro lado, este gobierno se ha sumado sin cuestionamiento ni análisis alguno al escudo de las Américas de Trump, conocedores que este proyecto tiene que ver con la toma de facto de los recursos naturales de las tierras del Sur, además de derrotar a sangre y fuego a los movimientos populares. Todo esto en medio de una disputa cruenta del dominio del mundo a través de la repartija de territorios para convivir en un mundo multipolar donde el capital siga conduciendo a la humanidad a un callejón sin salida.

Aquí no hablo nada sobre las clases medias urbanas, su indiferencia y pasividad en los días de los bloqueos demostraron que los efectos de la desigualdad, la injusticia o la discriminación, no lo experimentaron como lo sintieron los sectores indígenas populares; no articularon sus vidas en torno a los conflictos sociales (clase, ideología, proyectos políticos contrapuestos, economía política), y sus broncas, rabias, malestares, lo expresan como sentimientos y pasiones tristes, como son el resentimiento y el miedo. No hay duda de que es más fácil que afectos como el miedo, la inseguridad o la impotencia se propaguen en sectores muy divididos como son las clases medias urbanas, y por esto, existiría la posibilidad de que estos sectores medios al asumir posiciones reaccionarias, los colocarían como hipotéticas fuerzas paramilitares.

Este análisis pretende dar algunas pistas del camino que debemos seguir en Bolivia, una tierra donde las mujeres y hombres trabajadores siguen ofrendando su sangre y su lucha para que la Nación de una vez por todas sea soberana y libre.

UNA CLASE EXTRANJERIZANTE: UN MODELO DE ACUMULACIÓN DE CAPITAL ANTINACIONAL

“…no sólo una clase opresora sino también una clase extranjera. Por su origen, por sus intereses, por sus supuestos mentales, la oligarquía boliviana fue siempre ajena en todo a la carne y el hueso de las referencias culturales de la nación…” Zavaleta Mercado

“No me vengan con frases hechas, vengan con obras”[1], Paz Pereira lo dijo en Caraparí, Tarija, en una más de sus grandilocuentes frases hechas, como cuando expresó “la ideología no da de comer”, todo para justificar pedir deuda externa al FMI, que asciende ahora a 14 mil 238 millones de dólares.

Todos los argumentos político-económicos de los presidentes que manejaron el país al servicio de la clase dominante durante 180 años, siempre fueron en contra del país. Paz Estensoro en 1952 repetía: “la revolución trabaja para el futuro”, para después en 1985 afirmar: “Bolivia se nos muere” y decretar el 21060 que botó a las calles a más de 40 mil trabajadores. Banzer Suárez su consigna era “paz, orden y trabajo” pero tenía claro que “»Al amigo, todo; al indiferente, nada; y al enemigo, palo», y después de la devaluación de 1974 responder con las masacres de Tolata y Epizana. Sánchez de Lozada justificaba la capitalización, subasta de empresas estatales, diciendo «Cómo voy a ser vendepatria si no he vendido nada», y el 2003 ordenar la masacre de 67 y dejar heridos a 400 bolivianos.

Paz Pereira no cambiará esta historia y jamás será un gran hombre, desde pequeño aprendió que por el poder, si bien “Nos separan ríos de sangre, ahora traspasados por el puente de la democracia” (Jaime Paz justificando la alianza con Banzer); ahora por el poder se une a Camacho (nombrado embajador) el causante de las masacres de Senkata y Sacaba, a Lupo al que defenestró por ser un hombre que solo aprendió a endeudarse con el extranjero para “salvar” a un país, a Marinkovic el croata que el 2009 apoyó el descuartizamiento de Bolivia con el federalismo de la media luna; en fin, Paz Pereira es hijo de la traición, de los vínculos con el narcotráfico, y de todas las masacres ordenadas y ejecutadas por la clase dominante y opresora que como afirma Zavaleta Mercado, es una “clase extranjera. Por su origen, por sus intereses, por sus supuestos mentales”.

Y para muestra estas “joyitas” que exponen de cuerpo entero a esta clase extranjerizante.

“Santa Cruz…entre 1953 y 1992, se beneficiaron 402 personas (algunas instituciones con superficies mayores a 50 mil), de 7.7 millones de hectáreas dotadas por el Estado boliviano a través del Consejo Nacional de Reforma Agraria”.[2] En otras palabras, se regaló a la oligarquía cruceña tierras del tamaño de Panamá, esta es la “ideología que da de comer”.

Esta es una de las causas que desde “1990 al 2009 la superficie cultivada de soya creció casi seis veces, y…su expansión no ha parado de subir…de acuerdo al Plan de Uso del Suelo de Santa Cruz ya no existirían disponibles tierras de tipo cultivo intensivo aptas para la soya, lo cual significa que la presión por la tierra de uso intensivo aumentará en otras regiones aledañas”.[3] Esto explica la insistencia de Marinkovic de aprobar un reformado proyecto de ley 157, que según la oligarquía extranjerizante sostiene que “beneficiará a campesinos, indígenas y pequeños propietarios que trabajan personalmente la tierra…pero en realidad sus principales beneficiarios son grandes agroempresarios que, durante años, simularon ser pequeñas propiedades, porque cientos de miles de hectáreas fueron deliberadamente fraccionadas en supuestas ´pequeñas propiedades ganaderas´ de hasta 500 hectáreas. La información catastral y las imágenes satelitales ofrecen pruebas contundentes. Son miles de predios divididos, pero contiguos que mayormente están concentrados Santa Cruz y Beni”.[4]

Por tanto, con la reformada ley 157, los únicos que accederán a créditos bancarios son estos “pequeños propietarios”, o sea, las familias Landívar y Gutiérrez que poseen cerca de 131 mil hectáreas, familia Bolsber que maneja un total de 70 mil hectáreas, familia Barbery Paz propietaria de 208.775,468 hectáreas, familia Monasterios, dueña de Unitel, que obtuvo la propiedad de terrenos incautados al ex ministro de Educación, Hedín Céspedes, además de las familias privilegiadas de Ricardo Angulo Reynaga, Hugo Speiser, Héctor Justiniano, José Dabdoub, José Saavedra Ortiz, Carmen Luizaga Flores, la familia del ex canciller Carlos Saavedra Bruno, Rafael Paz y Branco Marincovick, entre otras.[5]

En contrapartida, los verdaderos pequeños propietarios tarde o temprano venderán sus tierras ante estos grandes “productores”, que “a partir de 1990 se da un salto en la superficie cultivada en Santa Cruz, pasando de 413.320 hectáreas a 1.821.631 en el año 2007, donde el cultivo de la soya ocupa 1.003.690 hectáreas, es decir el 52%… bajando significativamente la producción de trigo, arroz y maíz”.[6] Esta tendencia no cambiará, esta clase rapaz y extranjerizante no le interesa el mercado nacional y mucho menos “la seguridad alimentaria sigue siendo precaria. Nunca antes Bolivia había importado tantos alimentos como en el período 2006-2010 por un valor de 1,123 millones de dólares. Solo el año 2009 Bolivia importó 600 mil toneladas de alimentos logrando así mantener los precios internos estables y satisfecha la creciente demanda urbana por consumo”.[7]

Así, el gobierno de Paz Pereira defendiendo el interés de la clase extranjerizante, ha declarado libre la exportación de soya, su ministro de desarrollo productivo, el latifundista Justiniano, justificando la medida decía “Queremos recalcar de que estamos pensando en nuestras familias bolivianas, priorizando el abastecimiento del mercado interno y a la vez promoviendo las exportaciones de los excedentes”.[8] Por encima de las necesidades de las familias trabajadoras bolivianas, están los excedentes económicos de los terratenientes cruceños, porque “la modalidad de cultivo de los grandes productores de soya en Bolivia se caracteriza por el uso de una tecnología altamente mecanizada, siembra directa, aplicación creciente de semilla transgénica y alta dosificación de fertilizantes y pesticidas… donde menos mano de obra se contrata, menos empleo se genera, menos impacto contra la pobreza local se consigue”.[9]

Pero este enriquecimiento ilegal de esta clase extranjerizante, particularmente cruceña, patrocinado por dictadores militares y presidentes serviles, también se expresó por otros medios. La impoluta CAINCO, que pedía mano dura durante el bloqueo de 50 días, por un acuerdo interno el 1965 “funda el Banco de Santa Cruz de la Sierra S.A., impulsado por Lyder Pareja Eguez, Oscar Justiniano e Ivo Mateo Kuljis […] en 1968, el gobierno de Siles Salinas aprobó la Ley 410 para la exención de impuestos sobre utilidades durante cinco años a favor del Banco de Santa Cruz de la Sierra”[10], como dijo Bertolt Brecht “¿Qué es el robo de un banco comparado con fundar un banco?». Banzer, leal a su rosca cruceña, aprueba un “Decreto Ley 10.045 de Inversiones, que tiene como objetivo…la exención durante 10 años de impuestos nacionales, departamentales y municipales a las nuevas construcciones…así como la liberación proporcional del impuesto sobre utilidades, terrenos industriales proporcionados por el Estado y concesiones de tierras fiscales…beneficios que se aplican con distinta medida para el sector industrial, agroindustrial, ganadero, minero, construcción y turismo”.[11] A esta clase extranjerizante se les regala tierras, no pagan impuestos de sus ganancias que obtienen en sus bancos y además no pagan impuestos si construyen casas, edificios, si tienen terrenos urbanos o rurales o fábricas o minas o agencias de turismo o agroindustrias. Sin olvidarnos que, durante toda la dictadura de Banzer, de “1971 y 1978 el sector agropecuario fue beneficiado con un perdonazo de 44,5 millones de dólares que fueron absorbidos por el Banco Agrícola, que desencadenó el proceso hiperinflacionario. Se trataba de la deuda acumulada por 726 prestatarios algodoneros y 188 agricultores de soya. El promedio de préstamos para los algodoneros alcanzaba a 55.000 dólares (valor actual 281 mil dólares), en tanto que el de los soyeros alcanzaba a 309.000 dólares (valor actual 1 millón 500 mil dólares).[12] Es decir, si pedían un préstamo y les iba mal, no pagaban el préstamo, pero se quedaban con la maquinaria, herramientas, infraestructura y demás activos. Sin olvidarnos que en la “dictadura de Jeanine Añez, entregó ilegalmente y a discreción más de un millón de hectáreas de tierras…y la mayoría de ellos, unas 700 mil, en favor de unos 46 empresarios de Santa Cruz”.[13]

Con Paz Pereira no cambia el contenido de enriquecimiento de la clase extranjerizante, cambia la forma o sea los métodos.

El actual gobierno eliminó de impuestos a los más ricos, Paz Pereira lo justificó afirmando que “representan poco más del 1% de la recaudación fiscal y… argumentó que se ahuyentó más de 2.000 millones de dólares hacia países vecinos como Paraguay”.[14] El 1% que desprecia Paz representa 20 millones de dólares, que pueden ser destinados a educación o salud.

La denuncia de sobreprecios en la compra de petróleo crudo y diésel no ha sido investigada, porque de acuerdo a las denuncias de los diputados Claudia Herbas y Rolando Pacheco, de Alianza Popular, “YPFB habría pagado sobreprecios en la importación de petróleo crudo por aproximadamente $us 4 millones mensuales y en la importación de diésel por un monto estimado de Bs 50 millones, equivalente a $us 7,2 millones en los primeros meses de gestión, ambos casos con la empresa Trafigura”, esta denuncia penal contra el presidente de YPFB, Yussef Akly ha quedado olvidada.[15]

Otra forma de enriquecimiento rápido de la rosca cruceña está en la llamada “gasolina de mala calidad”, que según el analista económico Gonzalo Colque “solo se requiere el 0,5 % de agua mezclada con el etanol y es suficiente para desestabilizar la gasolina, esta mezcla se asienta en el fondo del tanque y encima queda la gasolina que tenía mayor octanaje, provocando problemas al motor. Colque señala que la mezcla con etanol no es de ahora, pero con este gobierno hay más gasolina con etanol en los surtidores, todo porque el gobierno acordó con los industriales cañeros la compra de 264 millones de litros de etanol, para el 2026 (por litro en 6,04Bs, haciendo un total de 137 millones de dólares), en lugar de los 154 millones del 2025”.[16] Verbigracia, los potentados cañeros cruceños quieren vender más etanol y alguien hace su negociado al mezclarlos con agua en más del 0.5%.

Los narcovínculos de Paz Zamora (padre) con Oso Chavarría y justificada con la frase de “no son delitos, son errores”; es reproducida por Paz Pereira (hijo) porque “de la incautación de más 100 toneladas de droga impregnada en madera en Chile, cargamento proveniente de Bolivia…[y]… como destino los mercados de Europa, Norteamérica, Oceanía y África…[y]  se estima una afectación al narcotráfico en más de $us 8.500 millones, hecho considerado un hito en la historia de Chile” [17]. Nadie sabe si hay o no investigación o responsables. Lo mismo sucede con la llegada de 32 maletas con droga a Bolivia, en un vuelo chárter privado que ingresó sin controles”.[18] Sin olvidarnos del “hallazgo de 189 kilogramos de oro, valorados en aproximadamente 25 millones de dólares, en el aeropuerto de Viru Viru”.[19]

Todos estos métodos de enriquecimiento suman alrededor de 10 mil millones de dólares que han ido a engordar el patrimonio de esta clase extranjerizante, con la certeza de que la eliminación de impuestos a los ricos y la mezcla de etanol con agua, ya forman para de su capital dinerario. Por último, el crimen de Estado del gobierno de Paz Pereira en contra de Nadia Beller, una mujer que sabe demasiado sobre el enriquecimiento del clan Paz-Urquidi: la esposa del presidente cobra de un boliviano por litro de gasolina, Cerimedo, el argentino asesor de Paz, Kast, Milei, junto a los ministros de defensa y de gobierno dan luz verde para vuelos del narcotráfico e instrucciones a la policía para que no se investigue a sospechosos de narcotráfico, granjas de bots que apoyan las redes sociales de Milei, Bukele, Kast, De Espriella cuyo financiamiento a la extrema derecha mediante billeteras frías (cold wallet) asciende a 200 millones de dólares; es la demostración sin cuestionamientos de que para esta clase extranjerizante Bolivia no es una elección histórica, sino que es su botín de enriquecimiento, además de sumirnos en una dependencia cuantitativa y cualitativa en relación a los yanquis, donde la pregunta radical es, ¿cuál debe ser la respuesta de los sectores indígenas-populares?

TRUMP TIENE EN EL PUNTO DE MIRA AL SUR

La pérdida de la hegemonía global por parte de Occidente, ha causado que sus élites abandonen las formas liberales y democráticas que antes apoyaban e impulsen formas abiertamente autoritarias o neofascistas, como Trump, Kast, De Espriella, Bukele, Meloni, Noboa, Milei, y otros. Estos autoritarios son el síntoma más que la causa, canalizaron el malestar de amplios sectores sociales y enarbolaron una retórica nacionalista-autoritaria, despreciando las normas internacionales y normalizando el lenguaje del odio, prácticas afines al neofascismo. Esta transición hacia un neofascismo se expresa mediante la normalización de comportamientos antidemocráticos, como no reconocer resultados electorales, secuestrar presidentes, instigar la violencia política o glorificar abiertamente a dictadores, Hitler, Pinochet, Videla, etc.

W. Brown, sostiene que “la crisis de las democracias liberales en Occidente tiene un componente nihilista: al erosionarse los valores ilustrados y la confianza en las instituciones, se abre paso a una política cínica de voluntad de poder donde la verdad y la legalidad importan poco. En esta atmósfera decadente, la tentación autoritaria crece”.

En la actualidad hay nueve gobiernos pro trumpistas; Argentina, Chile, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, Honduras y El Salvador, y nueve gobiernos no trumpistas alineados con los yanquis: Paraguay, Bolivia, Guyana, Trinidad y Tobago, República Dominicana, Jamaica, Bahamas, Belice y Guatemala. Además de construir su “Escudo de las Américas”, dizque para combatir el narcotráfico, pero en realidad será para que cuando ganen las elecciones proyectos populares o haya rebeliones populares, se use la fuerza militar y se desconozca resultados electorales o se aplaste a sangre y fuego esas protestas.

Las proyecciones ideológicas que emite el imperialismo yanqui con la difusión de políticas expansionistas, guerras contra poblaciones o entre Estados, su afán por controlar las nuevas tecnologías, los recursos naturales, las tierras raras y las regiones estratégicas, los saludos nazifascistas de los seguidores de Trump y de la ultraderecha global son una declaración de guerra abierta; y, más allá de que estos actos expresan una “rebelión de derecha” y tengan diferencias en cada país, tienen un alcance global y expresan la variedad de formas que adopta la contrarrevolución.

En este panorama no se ve ninguna revolución en el horizonte a pesar de que existen condiciones objetivamente favorables, hay una realidad social y material en América del Sur marcada por elevados índices de pobreza y desempleo, encarecimiento del costo de vida, uso del Estado para el enriquecimiento de las castas políticas y sectores empresariales, desnacionalización de la economía y subasta de la soberanía nacional, desfalco de la fuerza de trabajo. Sin embargo, esta realidad no se traduce automáticamente en diagnóstico político, las desigualdades, las injusticias o las discriminaciones, se siguen interpretando como un fracaso personal y no como producto de sistemas de opresión y explotación compartidos que impulsan estos presidentes autoritarios.

Está claro que nuestra lucha no es contra individuos autoritarios y corruptos, sino contra aquellos que sustentan el poder, contra el orden global y la mistificación ideológica que enarbolan; ante este reto, es mejor correr el riesgo y ser fieles a la exigencia de la historia, aunque esta fidelidad termine en una catástrofe, y no terminar vegetando en una supervivencia de placer en las redes y de mediocridad existencial.

Todos y todas que pertenecemos al pueblo trabajador sufrimos de forma distinta las desigualdades, en diferentes grados somos víctimas de explotación, opresión, racismo, violencia, y privación de derechos fundamentales. Siempre hemos luchado por mejores salarios, techo digno, calidad educativa y de salud, cero tolerancias al racismo, ningún feminicidio y violencia machista. Aquí no borramos las diferencias, ni centramos una política exclusivamente en identidades particulares, lo que planteamos es reconocer la pluralidad de sujetos y sus luchas, pero no como una amenaza para la construcción de lo común, sino como una de sus condiciones de posibilidad. Así, todas y todos comprenderemos de dónde provienen las desigualdades y quiénes son los responsables, y de esta manera construir la conciencia de un sujeto común con sus imaginarios, intereses y objetivos compartidos.

Comprender esto es importante, porque los autoritarios han pulido sus políticas neofascistas y las ejecutan dentro de la democracia; por tanto, desde nuestras filas debemos ejercer una crítica total de la democracia, y no pensar en la errónea creencia de la oposición entre democracia y fascismo.

En este momento ninguna corriente política del campo popular posee un análisis riguroso y, peor aún, tener un proyecto que represente el cambio, es decir, que muestre qué significaría concretamente en la vida cotidiana y de qué manera una transformación política podría modificar la experiencia y la vida de las personas. Esto exige un trabajo de traducción, porque un proyecto político necesita imágenes, emociones y relatos capaces de vincular la política con experiencias reconocibles. Solo de este modo pueden construirse relaciones duraderas e identidades que no dependan exclusivamente de una coyuntura electoral o de una figura carismática.

Hay que romper con la idea de buscar una fórmula mágica o un candidato que funciona bien en las encuestas y construir el proyecto de arriba abajo. Un proyecto emancipador necesita algo más que votantes, necesita construir pertenencia. No basta con disponer de un proyecto justo o incluso técnicamente sólido. También es necesario conseguir que la sociedad pueda imaginarlo, comprenderlo, hacerlo suyo y, sobre todo, desearlo.

Desde hace más cuatro décadas el movimiento indígena de tierras altas se ha constituido en un sujeto político, una multitud rebelde que despliega contrapoderes desde abajo, dejando de lado las vanguardias iluminadas o los dirigentes carismáticos. Los mineros asalariados están organizados, lo mismo que los maestros urbanos y rurales, y otros sectores explotados y oprimidos, pero lo que caracteriza al movimiento indígena del altiplano es la activación de un proceso de politización (análisis y cuestionamiento) de las causas que provocan su malestar, su rabia, su descontento, que les permita tomar decisiones políticas a través de los afectos, o sea, de la empatía, del cuidado mutuo, del amor por su territorio compartido. Así, convierten su debilidad militar y económica en una fuerza de los débiles que desestabiliza a un gobierno, venciendo al miedo, que es un afecto que inmoviliza. Entonces la verdadera fuerza de los movimientos indígenas no radica en los análisis de intelectuales celestiales o los discursos pomposos o el protagonismo teatral, sino en la madeja de afectos que se teje colectivamente.

Sin afectos, que son más sutiles, invisibles, silenciosos que las emociones, no hay transformación personal ni colectiva; donde el “pueblo” no es resultado de un discurso, como piensan los teóricos de la hegemonía, sino un tejido de vínculos, de encuentros, de afectos. Así, se atraviesa de la palabra “pueblo”, como un significante vacío, a la construcción de un pueblo a través de un común sensible, de afectos colectivos y que pueden provocar el “milagro” de la victoria y que, en el pensamiento estratégico y militar, se ha venido en llamar el “elemento moral de la guerra”, el elemento determinante, decisivo, que pone los cuerpos en movimiento, en revueltas y rebeliones.

En conclusión, para analizar o leer una coyuntura hay que activar los cuerpos y para entender hay que movilizar los afectos, solo así podemos mover los límites de lo posible.

“MEDIANTE SU REPETICIÓN, UN ACONTECIMIENTO HISTÓRICO AFIRMA SU NECESIDAD” HEGEL

Hegel quería decirnos que un acontecimiento no ocurre por accidente o capricho del destino, sino que hubo una necesidad profunda de la historia; el asunto es que si en su repetición la historia o los pueblos seguirán viendo ese acontecimiento como algo necesario en el presente. Marx advertía que un partido ya no puede inspirar ninguna práctica histórica revolucionaria, si antepone la ideología a la política; porque el término “ideología”, para Marx es “un conjunto de ideas que se aplica a la realidad no para dilucidarla y transformarla, sino para oscurecerla y justificarla en el imaginario”.

En la actual coyuntura debemos preguntarnos qué corriente popular o de izquierda posee un proyecto colectivo compartido que permita vislumbrar el cambio, un cambio que podamos imaginarlo, comprenderlo y hacerlo nuestro. No hay. Pero seguir este camino es incorrecto, porque nos llevaría a repetir formas y contenidos de hacer política que nos condujeron a esta derrota política. La enseñanza que dejó la rebelión indígena popular de 54 días es valorable. La organización no fue en función de un partido político, con sus jefes y su estrategia, sino basado en un sentimiento común y compartido de su realidad que vivían, esto nos demostró que la rabia jamás se separó de la política, ya que sin rabia la política se pierde en el discurso, y sin política la rabia se agota en griteríos. Una primera enseñanza, es que los otros sectores organizados, como los maestros, mineros asalariados, gremialistas, vecinos, etc. debían ejercer la autonomía, o sea, la capacidad de decidir por sí mismos como colectivo, sin delegación. Castoriadis, afirmaba que la autonomía es “una meta que sólo se puede alcanzar a través de su propia práctica”, en otras palabras, el “ser” autónomo se construye mediante la práctica de la autonomía, ejerciéndola. Y esto es algo que se aprende.

En segundo lugar, todas las organizaciones comunitarias, sindicales, vecinales o gremiales deben asumirse iguales en la diversidad, donde todos suman, todos aportan, y no solo vale lo que sabe hacer una casta de dirigentes; y, la diversidad tiene que ver con la idea de que son distintos, tienen ideas diversas, pero pueden articularse y no ser obstáculo para la organización y ser potencia, este es un paso más a la construcción del sujeto histórico que también implique la radicalización de la democracia y nuevos retos políticos en función del carácter de la época, las características de la crisis económica mundial, la nueva geopolítica mundial.

La tercera lección, el mandamiento supremo de la política es actuar de acuerdo con medidas que sirvan al pueblo en general, y no solo a los militantes o un grupo especial, para que no haya divorcio entre el pueblo y la política, y la desafección y la desmovilización se erradiquen; para esto es importante abrir nuevos horizontes políticos, y uno de ellos es lo que planteó hace tiempo S. Almaraz, la vía de la defensa movilizada de los recursos naturales o económicos, como por ejemplo la nacionalización de la explotación y comercialización del oro, la estatización del comercio exterior, el pago justo de impuestos por los latifundistas del oriente, pago en divisas de las regalías por la empresa minera San Cristóbal, medidas políticas que podrían recuperar la tensión de los movimientos sociales, y llevar al país a una radicalización permanente. En este caso, tendríamos un pueblo activo políticamente, donde el detonante son la defensa de los recursos naturales que pertenecen al común y la recuperación de los excedentes económicos que genera el mismo pueblo trabajador, estas medidas demostrarían que la ideología que buscan los movimientos sociales, es una ideología igualitaria, que debe materializarse en una mejor salud y educación, mejora de los salarios, vivienda digna, erradicación radical del racismo y la violencia machista.

Estos caminos que planteamos tienen el fin de construir una convergencia de fuerzas sociales y políticas, o sea una nueva unidad, en la que se construirá el proyecto estratégico por el cual luchar, los liderazgos que se formarán en la lucha política; hoy la palabra más repetida es unidad, unos lo plantean alrededor de un líder fuerte y programa, otros en función del retorno del pasado; ni lo uno ni lo otro, la unidad es un modo de hacer y organizar la política como acción consciente y colectivamente realizada.

Lo que proponemos es “volver” a una política que ponga en primer plano las cuestiones económico-materiales para construir el sujeto histórico, el sujeto de cambio, y definir quiénes somos, el “nosotros”.

Jhonny Peralta Espinoza. Exmilitante Fuerzas Armadas de Liberación Zárate Willka.

Notas:

[1] https://www.facebook.com/reel/

[2] Concentración y extranjerización de la tierra en Bolivia Miguel Urioste F. de C. Ediciones Fundación Tierra, p.15

[3] Concentración y extranjerización de la tierra en Bolivia Miguel Urioste F. de C. Ediciones Fundación Tierra, p. 29

[4] https://datos-bo.com/nacion/

[5] https://www.opinion.com.bo/

[6] Concentración y extranjerización de la tierra en Bolivia Miguel Urioste F. de C. Ediciones Fundación Tierra, p. 29-30

[7] Concentración y extranjerización de la tierra en Bolivia Miguel Urioste F. de C. Ediciones Fundación Tierra, p. 31

[8] https://produccion.gob.bo/

[9] Concentración y extranjerización de la tierra en Bolivia Miguel Urioste F. de C. Ediciones Fundación Tierra, p. 62

[10] Dueños de Bolivia: La historia (no-oficial) del saqueo, Nathanael Hastie Falkiner, Librería Editorial Subterránea, 2025, p. 46

[11] Dueños de Bolivia: La historia (no-oficial) del saqueo, Nathanael Hastie Falkiner, Librería Editorial Subterránea, 2025, p. 64

[12] Dueños de Bolivia: La historia (no-oficial) del saqueo, Nathanael Hastie Falkiner, Librería Editorial Subterránea, 2025, p. 82

[13] https://archivo.kaosenlared.

[14] https://eldeber.com.bo/rfi/-

[15] https://eldeber.com.bo/

[16] https://www.vision360.bo/

[17] https://eldeber.com.bo/santa-

[18] https://elpost.com.bo/2026/01/

[19] https://correodelsur.com/

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


ℹ️ Atribución de Fuente: Este texto ha sido reproducido de forma íntegra y literal respetando los derechos de distribución pública del emisor.
Medio original: rebelion.org
Enlace oficial: Ver artículo original aquí

Últimas noticias