Nota del Editor: El colonialismo y la anexión contradicen los valores de una espiritualidad auténtica cuyo fruto es la liberación integral de las personas y los pueblos.

Tortillas sin huevos rotos y revolución sin revoltura no se ven.
Ramón Emeterio Betances (De la carta remitida a Eugenio María de Hostos en 1863, tras la publicación de “La Peregrinación de Bayoán”.

JAIME TORRES TORRES
Si se analiza la condición colonial de Puerto Rico desde la óptica de la Sagrada Escritura y el magisterio de la Iglesia, incluso desde el apostolado de los grandes patriotas, el cristiano promedio despierto e inteligente comprenderá que la sumisión a Estados Unidos es un PECADO político, una herejía y una contradicción a la Fe.
Que a estas alturas encontremos sacerdotes, pastoras, reverendos, ministros y monseñores rindiendo pleitesías a la gobernadora Jenniffer González y a la pléyade de alcaldes y legisladores novoprogresistas es un escándalo eclesial que confirma la célebre cita marxista: “LA RELIGIÓN ES EL OPIO DE LOS PUEBLOS”.
Cobijados por el mismo cielo e iluminados por el mismo sol, en la casa común que es el planeta Tierra se supone que cada pueblo, país, nación y continente viva libre y en paz.
El coloniaje es una aberración; es un crimen de lesa humanidad, según lo describe la Doctrina Social de la Iglesia. La dominación de una nación sobre otra viola lo más elemental de la antropología humana, fundamentada en el derecho a la libertad.
El antiguo pueblo de Israel, que hoy humilla a Palestina como el faraón de Egipto lo humilló, es la representación primigenia de la opresión política. Y la encomienda de su liberación fue delegada por la Espiritualidad Suprema y Sempiterna en el profeta Moisés como leemos a partir del tercer capítulo del libro del Éxodo.
Se reconoce un paralelismo entre Moisés y, por ejemplo, Simón Bolívar, libertador de América.
Al liderato religioso de Puerto Rico no le interesa entender la Verdad revelada y le predica el ‘Reino de los Cielos’ a sus fieles mientras ellos se acomodan con privilegios, favores, leyes y donativos legislativos para vivir como reyes y reinas.
Prensa Sin Censura
En Puerto Rico, en nombre de Dios los colonizadores de la corona española usurparon la civilización de nuestros ancestros taínos, violaron a sus mujeres, robaron su oro y los asesinaron, en uno de los genocidios más crueles de la historia, por el cual varios pontífices pidieron perdón a nombre de la Iglesia.
Es una hipocresía institucional pretender, amparado en la máxima de separación de Iglesia y estado, ignorar esta gran Verdad: cada Pueblo, en el concurso de las naciones, tiene derecho a su libertad.
Entonces, resuenan con fuerte eco las palabras de Yahvé al profeta Abraham: “Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición”. (Génesis 12, 2) Y también el proverbio: “La justicia engrandece a la nación”. (Proverbio 14, 34)
Sin embargo, al liderato religioso de Puerto Rico no le interesa entender la Verdad revelada y le predica el ‘Reino de los Cielos’ a sus fieles mientras se acomodan con privilegios, favores, leyes y donativos legislativos para vivir como reyes y reinas mientras el Pueblo no encuentra, como Jesús, donde reclinar la cabeza porque no hay vivienda para sus hijos.
Signo de la identidad espiritual fue Nuestra Señora, María, la mujer que según Lucas “todas las generaciones llamarán bienaventurada”. Menos los protestantes que, blasfemando contra el Espíritu Santo, la rebajan sin que el catolicismo la defienda [ya la Iglesia que peregrina en Borinquen no es mariana].
La Doctrina Social de la Iglesia es contundente: “Los derechos de las Naciones no son sino “los derechos humanos” […] La Nación tiene “un derecho fundamental a la existencia”; a la “propia lengua y cultura, mediante las cuales un pueblo se expresa y promueve su “soberanía” espiritual […]” (Capítulo 3, “La persona humana y sus derechos”, # 157).
Y María, desde 1969 por bula papal en su advocación de Madre de la Divina Providencia, es signo de la identidad boricua.
La exégesis aludida no solo compromete al imperio que devora la colonia y mancilla a sus hijos, sino que confronta a las lides anexionistas que reniegan de sus raíces para asimilar, convertirse y diluirse, mediante procesos de transculturación prolongados por más de cinco siglos y en la presente gentrificación, en lo que jamás -antropológica, social, espiritual y culturalmente- alcanzarán SER.
En 2005, el entonces Papa Juan Pablo II, en su libro “Memoria e Identidad”, reflexionó: “Patriotismo significa amar todo lo que es patrio: su historia, sus tradiciones, la lengua y su misma configuración geográfica. Un amor que abarca también las obras de los compatriotas y los frutos de su genio. Cualquier amenaza al gran bien de la Patria se convierte en una ocasión para verificar este amor”. (Página 86, capítulo “Patriotismo”)
Pero, salvo algunas excepciones como los fenecidos Monseñor Antulio Parrilla Bonilla y Padre Felo Torres en la Iglesia Católica y en la protestante la reverenda Eunice Santana, la mayor parte de los religiosos están más pendientes a la comodidad y los privilegios que reciben por su pleitesía a los políticos que se ufanan de su fe, pero que en el fondo son hipócritas como Luis Muñoz Marín cuando en 1960 intentando defender sus políticas neomaltusianas de las críticas del Partido Acción Cristiana (PAC) despachaba a sus críticos recordándoles que “Dios estaba en el cielo y Muñoz en la tierra”.
En su nuevo libro “Teología Descolonizadora: Voz profética, solidaridad y liberación”, el teólogo Dr. Luis N. Rivera Pagán analiza la epístola del apóstol Santiago, quien profetizó contra los privilegios de los ricos. El autor señala que es el texto del Nuevo Testamento menos estudiado por las denominaciones protestantes, en parte por las sombras que le lanzó Martín Lutero.
“La riqueza no es señal de la gracia divina, sino de la codicia humana. Los ricos no han acumulado bienes gracias a su excepcional moralidad o sus esfuerzos propios. Su riqueza se nutre de la expoliación de los desamparados. Expresa la violencia institucional de las sociedades divididas entre propietarios y desposeídos”.
Al observar las feligresías de las distintas instituciones eclesiales vemos que el fiel promedio es adulto mayor. No abundan los jóvenes, aunque sí -por razones obvias- los niños y menores de edad que acompañan a sus abuelos a los templos. En lugar de ser educados para la liberación, son adoctrinados colonialmente con miedo a Dios [‘si haces tal o cual cosa te puede castigar’] en las catequesis y escuelas bíblicas dominicales.
En su obra “Retrato del Colonizado” Albert Memmi lo explica muy bien. “Al no considerarse ciudadano, el colonizado pierde igualmente la esperanza de ver a su hijo convertido en tal. Muy pronto, renunciando a ello él mismo, no hace más proyectos al respecto, lo elimina de sus ambiciones paternales y no le deja ningún lugar en su pedagogía. En consecuencia, nada sugerirá al joven colonizado la confianza y el orgullo de su ciudadanía”.
Ante esta realidad sicosocial, urge educación política desde otros escenarios, como los medios, las redes y la música. No espere que las iglesias eduquen a los niños con pensamiento crítico y libre opinión. La educación política es responsabilidad de los adultos despiertos y, por supuesto, de una reformulación de la filosofía del Departamento de Educación que, dando al traste con los enfoques bancarios denunciados por Paulo Freire, impacte con postulados de empoderamiento espiritual, humano, práctico, político e intelectual.
En su publicación “Patria y Sociología: Hostos como Precursor de la Escuela Sociológica del Derecho en América”, el licenciado Juan Mari Brás cita parte de las palabras pronunciadas por el prócer mayagüezano tras la invasión norteamericana de 1898.
“Hay que insistir todos los días en decir y repetir que Puerto Rico ha sido robada de lo suyo, de su libertad nacional, de su independencia nacional, que ni los españoles ni los americanos podrán ni han podido poner en mercería”.
La EDUCACIÓN es la clave de la liberación sicológica y espiritual de Borinquen. Dicho por el muy estimado teólogo y colaborador Enrique Zambrana, “el dios de los puertorriqueños es Estados Unidos”. Pero asimismo eso se puede desalambrar de la siquis colonial con EDUCACIÓN a través de todos los medios posibles, incluso mediante el reguetón y el trap, como en semanas recientes lo ha hecho Bad Bunny con el cortometraje y disco “Debí Tirar Más Fotos”.
En 1961 Frantz Fanon profundizó en la urgencia de la educación política para liberar a los colonizados en su trascendental libro “Los Condenados de la Tierra”.
“La descolonización es realmente la creación de hombres nuevos […]. Mientras dure la inquietud del colonialismo, la causa nacional progresa y se convierte en la causa de cada uno. La empresa de liberación se dibuja y ya afecta a la totalidad del país. En esta etapa, reina lo espontáneo. La iniciativa se localiza. En cada cerro se constituye un gobierno en miniatura que asume el poder”. (Capítulo “Grandeza y Debilidades del Espontaneísmo”, pag. 121).
La educación política entraña la enseñanza -desde un prisma antropológico, intelectual y espiritual- del nacionalismo e idiosincrasia puertorriqueñas. Así lo reconoce el arzobispo de San Juan, Roberto González Nieves en su carta pastoral “Patria, Nación e Identidad: Don Indivisible del Amor de Dios”, publicada en agosto de 2003.
“Creo que una auténtica comprensión de las tres realidades que hemos estado analizando en esta carta nos conducirá hacia una autoestima saludable para todos nosotros. Adolecemos, individual y colectivamente, de un sentido bajo de aprecio propio y una crisis de identidad cultural y nacional”.
No hay duda de que la Iglesia Católica podría ponderar la urgencia de una pastoral de educación política que incluso ilumine la catequesis con principios de su doctrina social.
Pedro Albizu Campos, Lolita Lebrón y Filiberto Ojeda Ríos practicaron su Fe desde el catolicismo y otros desde el espiritismo, pero todos convencidos de una cosa: la anexión y el colonialismo contradicen el valor de la libertad inherente al cultivo de la espiritualidad.
La vida de estos y otros mártires de la Patria es alentador paradigma que traza la ruta en tiempos en que Puerto Rico se desmorona moral, ética, cultural y espiritualmente.
Este ensayo fue inspirado por los talleres de Periodismo Descolonial, impartidos por colegas de Amapola Periodismo Transgresor y Mink’a Comunicación en Centro y Sudamérica. Prensa Sin Censura fue el único medio de Puerto Rico que participó de la serie de conferencias virtuales ofrecidas por un selecto núcleo de comunicadores y periodistas de Abya Yala Soberana.
Fuente: abyayalasoberana.org