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Radio Victoria

  • Una base de datos construida por Mongabay Latam, a partir de analizar estudios científicos que reúnen más de 7000 muestras en humanos y 5900 en peces, identificó las zonas más afectadas por la contaminación de mercurio en el río Madeira en Brasil, uno de los principales del país.
  • Mongabay Latam investigó en campo el impacto del envenenamiento por mercurio en la salud de las comunidades más afectadas: en Lago Puruzinho, en el estado de Amazonas, y en la comunidad ribereña Calama y el Territorio Indígena Karipuna, en el estado de Rondônia.
  • Estudios muestran que las concentraciones de mercurio en los habitantes del Lago Puruzinho están entre las más altas registradas en la cuenca del río Madeira y muy por encima del límite de seguridad de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
  • Los altos niveles de mercurio en las comunidades de la Amazonía están relacionados con el consumo de pescado, su principal fuente de proteína.

Alrededor de un lago de aguas claras con abundancia de peces en la Amazonía brasileña se encuentra la comunidad Lago Puruzinho, un territorio que a primera vista se asemeja a un paraíso. Situada a solo 20 kilómetros de la ciudad ubicada más al sur del estado Amazonas, es un área donde confluyen permanentemente dos sonidos: el canto de las aves como del japó (Psarocolius decumanus) — de plumaje negro con pico amarillo, que vuela en busca de árboles frutales — y el sonido estruendoso de los motores de las embarcaciones que surcan el río Madeira.

En la comunidad Lago Puruzinho, en la Amazonia brasileña, no hay extracción de oro, pero las corrientes del río Madeira arrastran peces contaminados por el mercurio que usa la minería ilegal en la zona y acaba en los cuerpos de las personas, que tienen altas concentraciones de mercurio en cabello, sangre y heces de los pobladores. Foto: Karla Mendes/Mongabay

Durante décadas, los cerca de 170 residentes de la comunidad se alimentaron de todo tipo de peces del lago, pero eso cambió cuando conocieron la palabra mercurio. Fue entonces que supieron de las grandes cantidades de metal pesado que usa la minería ilegal de oro en el Madeira. Este río, que alimenta las aguas del lago Puruzinho, recibe cada año entre 10 y 50 toneladas de mercurio que son liberadas por las dragas que extraen día y noche el oro.

«Se encontró mucho mercurio en nuestro pelo por el pescado, que es el tucunaré (Cichla sp.), que comemos mucho», dice Maria Rogelina Soares da Silva dos Santos, pescadora y ama de casa, que aceptó hablar con Mongabay Latam en la puerta de su vivienda, situada en la ribera del lago Purizinho. «Fue un susto tremendo», recuerda.

Lo dice con la convicción de quien lleva 26 años participando activamente en los estudios de la Universidad Federal de Rondônia (UNIR), que investiga cómo el envenenamiento por mercurio afecta a los peces y sobre todo a la salud humana. Las mediciones se han concentrado principalmente en embarazadas y lactantes, así como en niños de las comunidades situadas a orillas del río Madeira. Los hallazgos de los estudios han revelado, en los últimos años, la presencia de altos niveles de mercurio en las comunidades ribereñas, muy por encima de la población de las áreas urbanas, dijo Ronaldo de Almeida, coautor de varias de las publicaciones de la UNIR en la zona.

De hecho, los estudios de la Universidad Federal de Rondônia han documentado que las concentraciones de mercurio en los habitantes del lago Puruzinho están entre las más altas registradas en la cuenca del río Madeira, muy por encima del límite de seguridad de la OMS. «Estos niveles son significativamente más altos en comparación con otras regiones de la Amazonía [brasileña]», destaca la publicación.

Después de conocer estos resultados, Maria Rogelina dos Santos cuenta que «cambió casi todo por completo» para ella y su familia. Dice que disminuyeron el consumo de peces como el tucunaré, el pez que por años fue la base de su alimentación.

La pesadilla que vive hoy la familia Dos Santos es una de las tantas historias que descubrió Mongabay Latam al investigar y construir una base de datos que reúne más de 7000 muestras de mercurio en humanos y más de 5900 en peces, tomadas a orillas de los ríos amazónicos de Madre de Dios en Perú, Beni en Bolivia y Madeira en Brasil. El análisis de los 39 estudios científicos, publicados entre 1997 y 2024, reveló que los habitantes de al menos 249 comunidades indígenas y ribereñas han estado expuestas a la contaminación a lo largo de 27 años. Además que 702 comunidades más están en riesgo, solo por estar situadas entre los focos de minería ilegal y los casos de personas que dieron positivo a la presencia de mercurio. En el caso de Brasil, se trata de al menos 286 comunidades indígenas y ribereñas que ignoran cuánto metal pesado hay en sus cuerpos, al igual que el peligro de esa exposición constante.

Tucunaré mariposa (Cichla ocellaris). Foto: © Eric Fischer Rempe vía iNaturalist CC BY-NC 4.0

Para entender cómo es la vida de quienes conviven con el mercurio, un equipo periodístico  viajó a campo para investigar el impacto de esta contaminación en peces y en la salud de los residentes de la comunidad ribereña Lago Puruzinho, en el estado del Amazonas, y de la comunidad ribereña Calama y del Territorio Indígena Karipuna, en el estado de Rondônia, identificados como casos críticos en los estudios que forman parte de la base de datos construida para esta investigación.

Se recogieron testimonios en las comunidades evaluadas, se entrevistó a médicos y científicos que explicaron los efectos de este metal pesado en personas, peces y el ambiente. Se contactó también a autoridades locales para comprender la gravedad y expansión de los problemas de salud pública, y se solicitaron respuestas al gobierno federal sobre lo que se ha hecho para combatir el uso del mercurio en la minería de oro en la región y sus efectos nocivos.

Contaminados sin saberlo

Dos horas en barco regular o 40 minutos en lancha rápida es el tiempo que toma llegar a la comunidad Lago Puruzinho si se parte de la ciudad de Humaitá. La ruta a través del río va dibujando la escena amazónica usual: el ruido del motor, el sonido del agua y el verde del bosque reflejado en ese espejo gigante que alberga una gran cantidad de especies de fauna.

En el lago Puruzinho no hay extracción de oro, a simple vista parece un refugio natural. Sin embargo, las corrientes del río Madeira arrastran peces contaminados por el mercurio que usa la minería ilegal en la zona. Es así como este metal pesado, acumulado en los tejidos de los peces, acaba en los cuerpos de las personas, y esto se traduce en las altas concentraciones de mercurio en cabello, sangre y heces de los pobladores.

«El pescado es, lamentablemente, la principal vía de entrada para la ingestión de mercurio«, dice sentado en su escritorio en la UNIR de Porto Velho, Ronaldo de Almeida, coautor de un estudio publicado en 2021, que aporta más evidencia sobre la relación entre el alto consumo de pescado y los niveles de mercurio en sangre de los residentes que viven en las comunidades de la Amazonía de Brasil.

Ronaldo de Almeida, investigador de la UNIR de Porto Velho y coautor de varios estudios sobre los efectos del mercurio en el río Madeira. Foto: Karla Mendes/Mongabay

De Almeida explica que la contaminación por mercurio orgánico en la alimentación, el llamado metilmercurio, es mucho más grave que la exposición directa al mercurio metálico. «Cuando alguien utiliza el mercurio metálico, que es líquido, este se evapora. Si inhalas mercurio, te causará algún daño a la salud, pero tu organismo lo eliminará», dice de Almeida. «En cambio, cuando ingerimos metilmercurio a través de la alimentación (como el consumo de pescado), entra en el organismo y su tasa de eliminación es muy baja. Por lo tanto, se retiene y se acumula. Y con el tiempo causará graves daños a la salud: problemas neurológicos, cardiológicos, de orientación».

Raimundo Nonato dos Santos vive a orillas del Lago Puruzinho desde hace 54 años y también ha contribuido con los estudios de la UNIR. Junto a su esposa, Maria Rogelina dos Santos, consumió por años peces como el pintado (Pseudoplatystoma puntictifer) y el tucunaré — que tanto le gusta — hasta que se enteró de la contaminación por mercurio. En ese momento entendió que el metal pesado estaba en su cuerpo.

«Es como si hubiéramos estado viviendo en una especie de inocencia, sin saber nada de lo que estaba pasando», le dice a Mongabay Latam, apostado bajo la sombra de un inmenso árbol en la ribera del lago.

Después de conocer los resultados de los estudios de la Universidad Federal de Rondônia (UNIR), que investiga cómo el envenenamiento por mercurio afecta a los peces y sobre todo a la salud humana, Raimundo Nonato dos Santos (primero a la izquierda) y su esposa, Maria Rogelina dos Santos, cambiaron sus hábitos alimentarios y disminuyeron el consumo de peces como el tucunaré. Foto: Kelvily Santos de Souza

Se tomaron alrededor de 76 muestras a personas y más de 2000 muestras a peces en los estudios científicos que mencionan a Lago Puruzinho, y que fueron incluidos en la base de datos construida por Mongabay Latam. Los resultados evidencian la presencia de mercurio entre tres y siete veces por encima del límite seguro de la OMS. Peces como el tucunaré (Cichla pleiozona) y la Curimatã (Prochilodus nigricans) figuran en la lista de las especies más afectadas, y que a su vez forman parte de la dieta de los pobladores. A  estos resultados hay que añadir otros estudios publicados por UNIR que se encontraron durante la reportería de esta historia y que aportaron más evidencia de la afectación a la salud humana por el mercurio vertido al río Madeira.

Este problema se expande a su vez a otros territorios del estado de Amazonas. De hecho, la profesora Renata Vieira Guacebe, de 41 años, trabaja como becaria de varios estudios de la UNIR no sólo en el Puruzinho, sino también en otras comunidades de la zona. Ella es una de las habitantes que continúa comiendo pescado tres o cuatro veces por semana y que está preocupada por los resultados de la contaminación en peces y agua del Puruzinho.

«Me gusta comer pescado, pero si está contaminado, ¿cómo vamos a seguir alimentándonos de él? Por eso tenemos que preocuparnos, porque ya no será como antes», dice Guacebe.

«¿Cómo vamos a poder beber agua? Tendremos que ir casi todos los días a la ciudad a buscarla».

El panorama se vuelve más complejo, si se considera que algunos de los habitantes de la comunidad trabajan en la minería de oro para sostener sus economías. Así lo mencionan algunos estudios, testimonios recogidos en la zona y las balsas de minería ilegal estacionadas en algunas casas cercanas, como pudo observar el equipo de Mongabay Latam en el recorrido.

De hecho, los investigadores explicaron que no lograron investigar a detalle el impacto del mercurio en los hombres de algunas comunidades, pues estaban trabajando en la minería cuando llegaron a recoger las muestras.

Calama: entre delfines rosados y dragas

En la ruta hacia la comunidad de Calama, a tres horas en barco regular o una hora en lancha rápida desde la ciudad de Humaitá, una familia de delfines rosados salta en las aguas del río Madeira mientras la embarcación se detiene para abastecerse de combustible. Este espectáculo ocurre frente a cuatro dragas de minería ilegal de oro estacionadas a pocos metros de la gasolinera.

Una familia de delfines rosados saltó frente a cuatro dragas de minería ilegal de oro en el río Madeira, en la ciudad de Humaitá, en el estado del Amazonas, mientras la embarcación que llevaba el equipo de Mongabay se abastecía de combustible. Foto: Karla Mendes/Mongabay
Una familia de delfines rosados saltó frente a cuatro dragas de minería ilegal de oro en el río Madeira, en la ciudad de Humaitá, en el estado del Amazonas, mientras la embarcación que llevaba el equipo de Mongabay se abastecía de combustible. Foto: Karla Mendes/Mongabay

A finales de mayo de 2025, un operativo del gobierno federal destruyó decenas de balsas y dragas en el río Madeira, incluyendo las regiones de Humaitá y Calama. Sin embargo, una semana después, la minería estaba de vuelta y operando con normalidad en la zona, como constató Mongabay Latam.

Esta región ha sido objeto recurrente de operativos del gobierno federal para combatir la minería a lo largo de los años. Uno de los últimos fue ejecutado en septiembre de 2025, pero la devastación se mantiene.

A pesar de esta situación, los residentes de la comunidad de Calama se debaten entre participar en la minería ilegal de oro para subsistir y aceptar los efectos de la contaminación por mercurio.

Una barcaza usada para minería de oro ilegal estaba escondida en la comunidad ribereña de Calama, en el estado de Rondônia. Foto: Karla Mendes/Mongabay

Mongabay Latam entrevistó a tres trabajadoras de una escuela de educación primaria en Calama, que también participaron de los estudios de la UNIR. Todas dijeron que sus análisis mostraron resultados normales, que continuaban comiendo pescado y que no estaban preocupadas por la contaminación del mercurio — algunas incluso desacreditaron los efectos nocivos del metal pesado y la contaminación de los peces.

«La ciencia puede opinar, pero yo creo que el mercurio — puede ser que me equivoque — no influye en nada en el pescado. Si el mercurio cae en el agua, luego se adentra en la tierra, ni siquiera sé si el pescado tiene tiempo de comerlo o no», dice Rosa Lúcia Barreto, técnica responsable de la merienda escolar. «Si el mercurio influyera en algo, sería en el pez de piel [sin escamas], pero tampoco lo creo.»

Uno de los estudios de nuestra base de datos, del cual De Almeida es coautor, revela que el promedio de concentración de mercurio en el cabello de la población muestreada en Calama supera los 2 mg/kg establecidos como límite por la OMS. Los resultados evidencian que el nivel promedio de mercurio (entre las 34 personas muestreadas) fue de 9 mg/kg, es decir, más de cuatro veces por encima del límite considerado seguro.

La región de la comunidad ribereña Calama, en el estado de Rondônia, ha sido objeto recurrente de operativos del Gobierno federal para combatir la minería a lo largo de los años. A pesar de esta situación, los residentes de la comunidad se debate entre participar en la minería ilegal de oro para subsistir y aceptar los efectos de la contaminación por mercurio. Foto: Karla Mendes/Mongabay

Pirarucú envenenado

Una verdadera isla verde en un mar de deforestación. El Territorio Indígena Karipuna está rodeado por fincas ganaderas, soja y madereras, tal como lo confirmamos en el recorrido de cuatro horas en camioneta desde Porto Velho hasta el territorio.

Con un área de 153 mil hectáreas, el territorio Karipuna es uno de los menos poblados de Brasil. Está habitado por 63 personas, lo que contrasta con los miles de pobladores indígenas que había antes de la colonización. Más allá de los invasores que frecuentemente entran en el área protegida para cortar árboles y cazar ilegalmente, sus residentes han sufrido con la contaminación y la escasez de pescado, tradicional en su dieta desde hace varios siglos, afirma el líder indígena Adriano Karipuna.

Más allá de los invasores que frecuentemente entran en el territorio indígena Karipuna, en el estado de Rondônia, sus residentes han sufrido con la contaminación y la escasez de pescado, tradicional en su dieta desde hace varios siglos. Foto: Karla Mendes/Mongabay

«Hace diez años, en media hora se podía pescar, sin exagerar, hasta 500 kg de pescado, tanto con el arpón como con la red — que es nuestra forma tradicional de pescar — o cuando pescamos con caña, que es lo que hacemos actualmente. [Pero] hoy en día, si pescamos cuatro peces en seis horas es mucho«, explica Karipuna a Mongabay Latam. «Y [el pescado] que llega, ya viene contaminado».

Considerado uno de los peces de agua dulce más grandes del mundo, el pirarucú (Arapaima gigas) — también conocido como paiche — puede medir hasta tres metros de largo, pesar más de 220 kilos y es uno de los más populares en la región amazónica, no sólo para los pueblos tradicionales sino también en los centros turísticos. Los Karipuna solían pescar hasta dos de estos peces gigantes durante el verano amazónico — el período de sequía —, afirma Karipuna, pero actualmente «se necesitan semanas para capturar un pirarucú».

Pirarucú (‘Arapaima gigas’). Foto: T.Voekler – Obra propia vía Wikimedia. CC BY-SA 3.0

Un estudio científico publicado en 2022 analizó muestras de peces recolectados en el territorio Karipuna, encontrando una concentración total de mercurio de 150 miligramos por kilo en los tejidos del pirarucú. También se menciona que un 94% del mercurio está unido a las proteínas musculares, «lo cual es extremadamente preocupante, teniendo en cuenta la bioacumulación de mercurio y el consumo extensivo de carne de Arapaima gigas por parte de las poblaciones ribereñas y urbanas de la región amazónica».

La bioacumulación ocurre cuando un animal se alimenta de animales que a su vez se han alimentado de otros, de modo que ciertos químicos como el mercurio, absorbidos por todos ellos a lo largo de su vida, se acumula en los tejidos de los depredadores que se encuentran en la cima de la cadena alimenticia.

En términos de seguridad alimentaria, a pesar de que la concentración total del metal detectado en el estudio está por debajo de los valores recomendados por la OMS —de 0,5 miligramos por kilo—, los investigadores afirman en el documento que el nivel del mercurio en el pirarucú es «preocupante» porque es el pescado «más consumido en los centros urbanos de toda la región amazónica y en los restaurantes frecuentados por turistas».

«El mercurio tiene una gran capacidad de disolución en los tejidos. Es difícil que sea filtrado por los riñones o el hígado, mecanismos fisiológicos de filtración del organismo. Y así se va convirtiendo en parte de los tejidos de los peces», señala Eduardo Bessa, profesor de biología de la Universidad de Brasilia (UnB). «Y consumimos la musculatura del pescado, uno de los tejidos más contaminados… Y no comemos [sólo] un pescado a lo largo de nuestra vida, los comemos varias veces».

Muestras de pescado recolectadas en comunidades ribereñas del río Madeira pela Universidade Federal de Rondônia (UNIR), que ha investigado cómo el envenenamiento por mercurio afecta a los peces y a la salud humana desde hace 26 años. Foto: Karla Mendes/Mongabay

En su estudio de posdoctorado, Bessa detectó que los peces migratorios y depredadores como el pirarucú se desarrollan en áreas que reciben agua de todos los afluentes que los rodean — donde generalmente se lleva a cabo la minería de oro — y en las partes más bajas del lecho del río, a donde van a parar los metales pesados.

«Si el pez desarrolla un óvulo basado en una dieta rica en mercurio, ese óvulo también contendrá mercurio. Entonces, cuando llegue arriba y se reproduzca, pondrá huevos y generará embriones que ya están contaminados», dice Bessa, quien es magíster en zoología y doctor en biología animal.

En el caso de la población humana, afirman los estudios, los efectos nocivos derivados de la exposición al mercurio tras comer pescado contaminado suelen aparecer después de muchos años. Sin embargo, para los grupos vulnerables, como los niños pequeños, los ancianos y las personas inmunodeprimidas, los riesgos pueden ser más inmediatos.

Las investigaciones muestran que incluso con niveles por debajo del umbral OMS, la exposición prolongada puede estar asociada a efectos en la salud, como problemas cerebrales y parálisis infantil debido a la bioacumulación.

La situación es aún más preocupante si la carne del pescado contaminado es consumida por mujeres embarazadas, madres lactantes, bebés y niños pequeños, ya que los contaminantes pueden provocar problemas de desarrollo neurológico en un plazo mucho más corto, apuntan los estudios consultados.

Adriano Karipuna menciona que han aumentado los problemas de salud en su pueblo en los últimos años, incluyendo el nacimiento de niños con problemas de motricidad. «Nacen con problemas, con padecimientos cardiacos, con una cabeza enorme. Hay jóvenes y adolescentes que ya tienen falta de aire». «Dentro de nuestra ascendencia, estas cosas no pasaban 50, 30 o 20 años atrás», agrega y hace un llamado de atención sobre los casos de cáncer en el territorio.

El líder indígena Adriano Karipuna afirma que han aumentado los problemas de salud en su pueblo en los últimos años, incluyendo el nacimiento de niños con problemas de motricidad. Él urge una investigación con todas las especies de peces y todos los habitantes del territorio para saber si están contaminados. Foto: Karla Mendes/Mongabay

El Ministerio de Salud informó que no se han reportado casos de problemas de movilidad, tumores o neoplasias entre recién nacidos indígenas en el territorio Karipuna en los últimos cinco años y que se registraron 12 casos de enfermedades respiratorias entre 2021 y 2025. Según el ministerio, el pueblo Karipuna está organizado en una comunidad de 21 individuos, de acuerdo con datos del Sistema de Información de Atención Médica Indígena (SIASI).

«Hay que hacer una investigación con todos los Karipuna — con los ancianos, con los niños y con los adolescentes — para ver si estamos contaminados», dice el líder indígena. «Y hay que investigar no solo el pirarucú, sino todos los peces, para hacer un rastreo y ver qué tipo de contaminación hay».

Protección que no llega

Desde el 2013, Brasil es uno de los 128 países signatarios de la Convención Minamata, que establece regulaciones estrictas para el uso, la comercialización y la producción de mercurio. En 2018, el gobierno federal publicó un decreto promulgando la convención en el país.

Sin embargo, como constató Mongabay Latam en los estados de Amazonas y Rondônia, donde varias barcazas mineras usan mercurio, el gobierno brasileño no ha logrado implementar la restricción del uso del mercurio ni existe una fecha establecida para aplicarla, según declaraciones de los ministerios involucrados en la Convención Minamata, obtenidas por pedidos de acceso a la información, y por sus respectivos departamentos de prensa.

«Brasil no cuenta con un plan sectorial [vigente] para la implementación del Convenio de Minamata sobre el Mercurio», dijo el Ministerio del Medio Ambiente y Cambio Climático (MMA).

De acuerdo con el ministerio, Brasil presentó en 2023 su Evaluación Inicial de la Convención de Minamata sobre el Mercurio (MIA, por sus siglas en inglés) — un estudio con la situación nacional en relación con el uso, las emisiones y los vertidos de mercurio — que sirvió para identificar lagunas normativas y fuentes de liberación de mercurio, lo que a su vez permitió establecer prioridades para cumplir con las obligaciones establecidas en la Convención. Sin embargo, no informó sobre el plazo de implementación de las medidas.

Dragas extraen día y noche el oro del río Madeira, dejando un rastro de destrucción de mercurio. Foto: Karla Mendes/Mongabay

Según el MMA, el Plan Nacional de Acción para la Minería Artesanal y en Pequeña Escala de Oro (PAN-MAPE), desarrollado por el Ministerio de Minas y Energía (MME), integrará las acciones de Brasil para cumplir con las obligaciones de la Convención de Minamata.

El MME informó que el plan contempla el mapeo y diagnóstico de las prácticas actuales en la minería artesanal y de pequeña escala del oro, incluyendo el uso del mercurio y sus impactos ambientales y sociales, así como el desarrollo y la promoción de alternativas tecnológicas al uso del mercurio, con enfoque en métodos más seguros y sostenibles. El ministerio dijo que también promoverá la capacitación y asistencia técnica a los mineros para adoptar prácticas responsables, y que fortalecerá la fiscalización y el control del comercio y el uso del mercurio, en colaboración con otros organismos gubernamentales, sin todavía detallar esas acciones.

El borrador del plan está en consulta pública hasta el 9 de septiembre y las sugerencias «serán analizadas técnicamente y contribuirán a la versión final del plan», dijo el MME. El Panorama Nacional de la Minería a Pequeña Escala (MAPE), que según el MME, es un producto resultante de más de cinco años de investigación, está disponible en este sitio web.

La Fiscalía federal criticó que los pueblos indígenas, las comunidades ribereñas, las organizaciones de la sociedad civil y las agencias ambientales no hayan sido incluidos en el proceso de elaboración del plan. «De las 1145 personas entrevistadas por la consultora contratada para analizar la situación del oro en el país, 1051 eran mineros y 51 gerentes. En otras palabras, durante la fase inicial de recopilación de datos no se consultó a ningún indígena, habitante ribereño ni representante de entidades socioambientales, excluyendo así del debate precisamente a las poblaciones que sufren los impactos directos de la degradación ambiental», dijo la fiscalía en un comunicado de prensa.

Para la fiscalía, esa es una «distorsión’, teniendo en cuenta las estimaciones oficiales que sugieren que Brasil cuenta con aproximadamente 200 000 mineros de oro en actividad, mientras que el número total de ciudadanos directamente afectados por los impactos socioambientales en las regiones cercanas a las zonas mineras supera los 6,3 millones de personas.

El MMA y el MME dijeron que la participación de las comunidades tradicionales y de la sociedad civil está contemplada en la consulta pública del PAN-MAPE.

El MMA aseguró que, en colaboración con el Ibama (la agencia federal del medioambiente), el Ministerio de Salud, el Ministerio de los Pueblos Indígenas y la Funai (la agencia federal de asuntos indígenas), tiene un programa de vigilancia medioambiental en las tierras indígenas Yanomami, en el estado de Roraima, pero no se ha llevado a cabo ninguna acción específica en el río Madeira. Agregó que no dispone de estudios, informes ni análisis sobre la contaminación por mercurio en el Madeira, y que en este momento no hay medidas ni presupuesto destinados a combatir dicha contaminación.

Alrededor de un lago de aguas claras con abundancia de peces en la Amazonía brasileña se encuentra la comunidad Lago do Puruzinho, un territorio que a primera vista se asemeja a un paraíso. Pero las corrientes del río Madeira arrastran peces contaminados con mercurio para allá. Foto: Kelvily Santos de Souza/Mongabay

Los casos de intoxicación exógena por sustancias químicas son registrados desde 2007, informó el Ministerio de la Salud (MS), y los servicios hospitalarios (públicos y privados) que identifiquen casos sospechosos y confirmados de intoxicación por mercurio deben notificarlos obligatoriamente a través del Sistema Nacional de Información sobre Enfermedades de Declaración Obligatoria (SINAN).

Según el MS, en los últimos 20 años se han registrado 30 casos de intoxicación por mercurio en Amazonas y 12 en Rondônia, los estados visitados por Mongabay Latam. El ministerio informó que los datos se refieren a hospitalizaciones en nivel estatal y que no dispone de datos federales específicos sobre la región del río Madeira. Agregó que en la región del río Madeira, los Distritos Especiales de Salud Indígena (DSEI) de Manaus y Porto Velho identifican las actividades contaminantes (como la minería) y centralizan los datos de contaminación a través del Comité de Mercurio, Plaguicidas y Otros Contaminantes Ambientales (CMAC).

El ministerio informó que lanzó, durante la COP 30 en Belém, el Plan Estratégico de Medidas de Atención, Vigilancia y Promoción de la Salud para las Poblaciones Expuestas y Potencialmente Expuestas al Mercurio (Plan Mercurio), que incluye, entre otras acciones, la creación de un centro de referencia de salud en la Amazonía, la ampliación de la capacidad de laboratorio del Sistema Único de Salud (SUS) para el análisis de mercurio, la mejora de los sistemas de información, la promoción de la investigación científica y la integración entre la vigilancia, la atención sanitaria y sectores como el medio ambiente y la educación.

El Centro de Clima y Salud de Rondônia (CCSRO) se encuentra en la fase de estructuración, identificando las acciones y necesidades actuales del territorio, agregó, pero, «por el momento, no se incluyen las actividades relacionadas con la contaminación por mercurio».

El MS informó que participa activamente de la construcción del plan para la implementación de la Convención de Minamata desde 2020 y que el presupuesto asignado para el año 2025 fue de 20,6 millones de reales brasileños (3.85 millones de dólares), pero destacó que ese monto se comparte con otras acciones que desarrolla el Ministerio.

Finalmente, el ministerio dijo que la Comisión Nacional para la Incorporación de Tecnologías en el Sistema Único de Salud (Conitec) recomendó en 2025 la incorporación del ácido meso-2,3-dimercaptosuccínico (DMSA/succímero) al Sistema Único de Salud (SUS) para el tratamiento de la intoxicación aguda por mercurio. En junio, fue publicado un decreto federal que da plazo hasta diciembre para la incorporación de este medicamento al sistema de salud.

Mercurio: un enemigo invisible

Luciano Bortolotti, médico cirujano de los sistemas de salud público y privado en Humaitá, dijo que es «difícil aislar» el factor de la contaminación por mercurio para detectar problemas a la salud, pues los síntomas se confunden con otras enfermedades. «La complicación del mercurio sería por problemas neurológicos, pero hay varias enfermedades neurológicas degenerativas que simulan eso», aseguró Bortolotti en su consultorio privado. «Crees que es Parkinson, crees que es micrografía — enfermedad en que la persona escribe con letra pequeña —, que es una de las cosas que pasa».

De ahí la importancia de realizar un análisis científico con una metodología clara a través de muestras a las poblaciones más expuestas, mientras que se hace un buen control con otras personas que no están bajo riesgo, para ver la diferencia. «Sin duda hay un impacto ahí, pero ¿cuál es el grado de ese impacto?».

Bortolotti explicó que la intoxicación crónica, que se produce por el consumo de pescado u otro alimento, es la más común.

El municipio de Humaitá no tiene datos específicos sobre los problemas de salud derivados de la contaminación del mercurio, dijo la secretaria de salud Sara dos Santos Riça. Pero los casos de cáncer, y sobre todo de autismo, «se aceleraron» en los últimos años, agregó.

Dos Santos Riça afirmó que el municipio dispone de unidades básicas de salud que proporcionan atención médica vía fluvial a las comunidades ribereñas, pero el costo de ir a las zonas más aisladas es muy alto y supera el presupuesto asignado por el Ministerio de Salud. «Es muy caro cuidar la salud aquí. Y hasta el día de hoy el Ministerio de Salud no consigue tener esa perspectiva de la región amazónica, de la dificultad que tenemos», dijo a Mongabay Latam en su oficina.

En Calama también han reportado el aumento acelerado de casos de autismo entre los alumnos.

En mayo de 2025, el Ministerio de  Salud, la Fundación Osvaldo Cruz  (Fiocruz) — un instituto de investigación afiliado al Ministerio de Salud — y el Ministerio de los Pueblos Indígenas publicaron un manual técnico para la atención de pobladores indígenas expuestos al mercurio en Brasil. Dada la falta de una red de servicios para atender a estas personas y la falta de conocimiento entre los profesionales de la salud y los pacientes, el objetivo es proporcionar orientación para un tratamiento adecuado.

El Ministerio de la Salud también informó que elaboró las «Directrices brasileñas para el diagnóstico y tratamiento de intoxicaciones por mercurio». El documento se encuentra en fase de evaluación para su posterior aprobación y publicación, y estará disponible pronto en la Red de Atención Sanitaria del Sistema Único de Salud, tanto para las comunidades indígenas como para la población en general (todos los estudios pueden ser consultados aquí).

De Almeida, el investigador de la UNIR que participa de varios proyectos sobre los efectos del mercurio en el río Madeira, dijo que «hoy en día ya existen algunas metodologías para poblaciones expuestas al uso de insecticidas y herbicidas en general, las hay también para el control de la malaria, pero para el mercurio no las tenemos».

Tener un sistema específico para enfermedades derivadas de la contaminación por mercurio es importante porque, cuando la contaminación ya ha afectado al sistema nervioso central y la persona presenta déficits motores, sensoriales y cognitivos, no hay cura, afirman los científicos. De ahí la importancia de detectar las enfermedades en sus etapas iniciales y hacer las intervenciones adecuadas para proporcionar calidad de vida a los enfermos, agregan los expertos.

Frente a todos los impactos de la contaminación, de Almeida urge detener la emisión de mercurio. «Lo primero es dejar de emitirlo. Tenemos que hacerlo».

En el lago Puruzinho, Raimundo dos Santos cuenta que su sueño es poder disfrutar la belleza del lago y vivir de sus riquezas — sin mercurio. «Nos encanta esta naturaleza que Dios nos ha dejado», dice mirando hacia el espejo de agua. «Mi sueño es criar peces dentro de esta región».

*Imagen principal: residente del Lago Puruzinho, la profesora Renata Vieira Guacebe trabaja como becaria de varios estudios de la Universidad Federal de Rondônia (UNIR), Ella continúa comiendo pescado tres o cuatro veces por semana y que está preocupada por los resultados de la contaminación en peces y agua del Puruzinho. «Me gusta comer pescado, pero si está contaminado, ¿cómo vamos a seguir alimentándonos de él? Por eso tenemos que preocuparnos, porque ya no será como antes», dice Guacebe. Foto: Karla Mendes/Mongabay.

Karla Mendes es reportera de investigación para Mongabay en Brasil y miembro de la Red de Investigaciones sobre Selva Tropical del Centro Pulitzer. Es la primera brasileña ganadora del Premio John B. Oakes de Excelencia en Periodismo Ambiental, de la Universidad de Columbia, en Estados Unidos. Es también la latinoamericana elegida para la junta directiva de la Sociedad de Periodistas Ambientales (SEJ) de Estados Unidos; también fue nombrada Vicepresidenta de Diversidad, Equidad e Inclusión (DEI).

 

Fuente:  es.mongabay.com

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