
La detención de Fernando Cerimedo abre una ventana sobre un modelo de influencia política que combina consultores, medios, bots, algoritmos y redes transnacionales para intervenir en la conversación pública latinoamericana.
Por Javier Pérez
Diario UChile, 31 de agosto, 2026.- El nombre de Fernando Cerimedo se tomó esta semana buena parte de la agenda política latinoamericana. El denominado “rey de los trolls” fue detenido el 18 de agosto en Bolivia en medio de una investigación por el feminicidio frustrado contra su expareja, Nadia Beller. Sin embargo, durante allanamientos posteriores apareció una segunda arista que rápidamente trascendió a toda la región.

La Fiscalía de La Paz informó del hallazgo de dinero, documentos y equipos que calificó como una “mini granja de bots”. Su defensa asegura que eran teléfonos satelitales y módems y, hasta ahora, no existe públicamente un peritaje técnico que determine qué cuentas administraban esos dispositivos, durante cuánto tiempo funcionaron ni en qué campañas pudieron utilizarse. Pero el pasado de Cerimedo y sus conexiones políticas permiten entender por qué el caso ya genera repercusiones en distintos países de la región.
Cerimedo es un consultor político, empresario y estratega de comunicación digital argentino que durante los últimos años se convirtió en uno de los operadores más particulares de las nuevas derechas latinoamericanas. Dirige la agencia Numen y fundó en 2018 La Derecha Diario, medio identificado con sectores libertarios y conservadores que posteriormente construyó presencia en distintos países.
En 2023 reconoció además que realizaba “campañas negativas” contra candidatos adversarios de sus clientes. Pero probablemente la clave para comprender su importancia está en otro factor: Cerimedo entendió tempranamente que una campaña electoral podía construirse no solamente mediante publicidad política tradicional, sino interviniendo sobre los algoritmos que organizan la conversación en las plataformas digitales.
Él mismo reconoció públicamente que utilizaba trolls, automatización e incluso cuentas creadas mediante herramientas de inteligencia artificial. La finalidad, según explicó, no era necesariamente conseguir que una persona creyera directamente lo que decía una cuenta falsa. El mecanismo era más simple: producir suficientes comentarios, respuestas y reacciones alrededor de determinado contenido para alterar el algoritmo de la plataforma con el fin de que interpretara que ese asunto estaba generando interés y comenzara a recomendarlo a usuarios reales.
Cerimedo habló explícitamente de producir una “relevancia artificial” para “intervenir en los algoritmos”. Ahí está la frontera entre marketing político, activismo digital coordinado y manipulación deliberada del espacio público.
La lógica se relaciona con de las estrategias más populares de Steve Bannon, exasesor de Donald Trump, “inundar la zona”. Su planteamiento era que la batalla cultural y política contemporánea no consistía solamente en convencer al electorado mediante argumentos, sino en saturar el sistema informativo con tal cantidad de afirmaciones, polémicas y estímulos que medios, adversarios y ciudadanos quedaran permanentemente reaccionando.
La finalidad no es necesariamente construir una única mentira gigantesca y coherente. Puede bastar con saturar, distraer, desorientar y controlar la agenda. La repetición hace el resto. Es lo que desde hace décadas la psicología estudia como “efecto de verdad ilusoria”. Mientras más familiar resulta una afirmación, mayores posibilidades existen de que sea percibida como verdadera, incluso cuando existen antecedentes para cuestionarla.
Las plataformas permitieron industrializar ese principio. Una granja de bots puede ser políticamente efectiva aunque prácticamente nadie crea que está conversando con una persona verdadera. Las cuentas automatizadas generan las señales que alimentan al algoritmo y el algoritmo después amplifica gratuitamente esos contenidos hacia usuarios reales.
Así, el objetivo final no necesariamente consiste en imponer una mentira concreta, sino en algo más importante: disputar la percepción de la realidad. Qué preocupa supuestamente a “la gente”, qué candidato parece crecer, qué escándalo parece gigantesco, quién parece haber perdido apoyo o qué posición política parece convertirse repentinamente en mayoritaria.
El vínculo político más conocido de Cerimedo es probablemente Javier Milei, presidente de Argentina. Durante la campaña presidencial argentina de 2023 participó en la estructura comunicacional de La Libertad Avanza y tuvo responsabilidades vinculadas a la organización de fiscales electorales. Después de la victoria de Milei no asumió un cargo formal, aunque registros citados recientemente muestran al menos 13 visitas suyas a la Casa Rosada entre 2023 y 2024.
Antes había estado vinculado al bolsonarismo en Brasil y, después de las elecciones de 2022, participó en la difusión de cuestionamientos contra las urnas electrónicas. La Policía Federal brasileña lo incluyó en la investigación sobre el intento golpe de estado antes de la asunción de Lula da Silva al poder, aunque posteriormente la fiscalía no lo incorporó entre los acusados formales.
Pero es Bolivia donde la dimensión digital adquiere ahora una materialidad distinta. Cerimedo participó en la campaña presidencial de Rodrigo Paz en 2025 y posteriormente continuó vinculado al Gobierno como asesor, aunque sin un cargo formal. Por eso los equipos encontrados durante los allanamientos podrían convertirse en una pieza relevante para determinar si estas metodologías tuvieron una aplicación concreta y, eventualmente, reconstruir conexiones que hasta ahora solamente conocemos de manera fragmentada.
Esas conexiones atraviesan buena parte de América Latina. En Chile, Numen intervino desde 2020 y Cerimedo afirmó haber trabajado con Sebastián Sichel y apoyado a Franco Parisi; su detención reabrió además cuestionamientos sobre campañas digitales contra Evelyn Matthei durante 2025.
En Colombia, Gustavo Petro pidió investigar penalmente a Cerimedo y a Javier Negre, actual dueño de La Derecha Diario, ante denuncias sobre una supuesta estructura de perfiles falsos utilizada durante las elecciones de 2026.
En Paraguay, el Senado pidió informes para aclarar el papel de Andrés “Andy” Rivas, colaborador cercano de Cerimedo que apareció vinculado al entorno del presidente Santiago Peña.
En México, el gobierno de Claudia Sheinbaum ha acusado al ecosistema alrededor de La Derecha Diario de promover campañas de desinformación y cuentas coordinadas. Existen menciones adicionales en Perú, Ecuador y El Salvador, aunque hasta ahora no hay evidencia suficiente para situarlas al mismo nivel.
En Honduras, Cerimedo asesoró directamente a Nasry Asfura durante las elecciones presidenciales de 2025. Él mismo reconoció posteriormente que utilizó contactos políticos estadounidenses para conseguir que Donald Trump respaldara públicamente la candidatura de Asfura. Según su relato, el intermediario fue el veterano consultor republicano Dick Morris. Es decir, existe al menos una cadena comprobada, un candidato hondureño, un consultor argentino, contactos republicanos estadounidenses y finalmente una intervención pública del presidente de Estados Unidos en favor de ese candidato. La expareja y denunciante de Cerimedo lo acusó de ser un “agente estadounidense”.
Lo último adquiere especial importancia después del llamado Hondurasgate, el escándalo que estalló en abril tras la publicación de 37 audios atribuidos principalmente al expresidente Juan Orlando Hernández y a otros dirigentes hondureños. Las grabaciones describirían una presunta operación transnacional de influencia política con conexiones en Honduras, Estados Unidos, Argentina e Israel.
Entre las acusaciones aparece incluso la creación desde Estados Unidos de una especie de “célula informativa” latinoamericana destinada a producir campañas contra gobiernos como los de Claudia Sheinbaum en México y Gustavo Petro en Colombia.
Aquí la cautela es indispensable. Hondurasgate no puede presentarse aún como una conspiración comprobada judicialmente. Tampoco existe evidencia clara de que Cerimedo haya participado directamente en esa presunta operación.
Pero ahí aparece justamente lo interesante. Cerimedo no demuestra Hondurasgate; demuestra que varias de las piezas necesarias para un sistema como el descrito por Hondurasgate realmente existen.
Ese podría ser finalmente el verdadero significado político del caso Cerimedo. Bannon entrega una filosofía comunicacional, inundar el espacio informativo. Cerimedo muestra un mecanismo tecnológico, fabricar volumen para intervenir el algoritmo. Los medios digitales y los influencers convierten esa amplificación artificial en conversación aparentemente espontánea. Y Hondurasgate, si algunas de sus acusaciones llegaran a comprobarse, plantearía la posible existencia de una infraestructura capaz de llevar ese modelo a una dimensión transnacional.
La pregunta que deja abierta esta investigación, no es solamente qué hizo Fernando Cerimedo, sino hasta qué punto estas estructuras dispersas de consultores, medios, plataformas y actores políticos están coordinadas entre sí y qué capacidad tienen para modificar artificialmente el debate democrático latinoamericano.
Porque si antes la batalla política buscaba principalmente controlar el mensaje, la nueva disputa parece avanzar hacia algo más profundo: controlar las condiciones tecnológicas mediante las cuales una sociedad decide qué mensajes considera relevantes, qué asuntos percibe como verdaderos y, finalmente, qué realidad política cree estar observando.
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![Fuentes: TeleSURtv [Imagen: Lula, durante el acto de lanzamiento de la campaña electoral celebrado el 16 de agosto de 2016. Créditos: Sebastiao Moreira / EFE]](https://radiovictoriagt.com/wp-content/uploads/2026/08/06-comprimido-1.jpg)


