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Radio Victoria

Foto de Eric Seddon: https://www.pexels.com/es-es/foto/mar-paisaje-montanas-naturaleza-16574945/

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Las facciones de la resistencia de Gaza aceptaron recientemente una hoja de ruta para el desarme respaldada por Estados Unidos. A pesar de que durante casi tres años Israel había exigido sistemáticamente que se diera ese paso como requisito previo para poner fin a su invasión, ha rechazado rotundamente la propuesta. Para poder entender bien esta nueva campaña de desarme, es fundamental tener en cuenta el contexto histórico que hace que se imposible un verdadero desarme.

«Si Hamas simplemente depusiera las armas…» y «Hamas no puede controlar Gaza tras sus ataques a Israel…» han sido unos argumentos publicados en los medios en lengua inglesa, no solo desde que empezó el genocidio en Gaza, sino desde hace décadas. Hamas declaró el 6 de julio que accedía a ceder el control de la administración civil de Gaza a un comité de gobierno tecnócrata y el 30 de julio Hamas se comprometió a implementar un plan de desarme. Ambos acuerdos, logrados por medio de la Junta de Paz estadounidense, no provocaron sino más promesas de mayor violencia por parte de las autoridades israelíes.

La razón de ello es que Israel solo aceptará un proceso de desarme que deje completamente indefensa a la población palestina y totalmente a merced de su ejército ocupante. Por consiguiente, el movimiento Hamas y sus aliados armados, como la Yihad Islámica Palestina, han insistido en que el plan de desarme debe ser paulatino y no un acuerdo de capitulación, como exige Israel.

Aunque el partido Fatah es el único partido político palestino importante al que hoy en día Estados Unidos, Reino Unido y la mayoría de las naciones de la Unión Europea no consideran una organización terrorista proscrita, en su momento Israel y sus aliados lo consideraron una de las principales organizaciones terroristas del mundo. Israel emprendió una invasión de Líbano en 1982 con el objetivo de acabar con la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), que estaba liderada por Fatah.

Tras asediar Beirut, donde se había establecido la OLP en el exilio, el ejército israelí mató a unas 20.000 personas palestina y libanesas antes de ofrecer un ultimátum a los palestinos: seguir luchando hasta derramar la última gota de sangre o que la organización abandonara su resistencia y huyera. El presidente de la OLP Yasser Arafat eligió huir a Túnez y aceptó la derrota.

Israel, sin embargo, no cumplió su palabra y después de ese acuerdo se cometieron masacres atroces entre la población palestina refugiada en Líbano. El 16 de septiembre de 1982 se produjo la tristemente célebre masacre de Sabra y Chatila sin que hubiera una resistencia que siquiera tratara de ayudar a esta población. El ejercito israelí se quedó contemplando cómo la milicia fascista libanesa que era su aliada, Kataeb, asesinaba a unos 3.500 civiles en unas 43 horas. La mayoría de estas víctimas eran mujeres y niños puesto que casi todos los hombres que vivían en estos campos de refugiados formaban parte de la resistencia y se habían marchado como parte del acuerdo.

Israel también se negó a irse del sur de Líbano y estableció una ocupación ilegal en el sur del país a pesar de haber firmado un acuerdo de retirada. En 1985 consolidó oficialmente su papel como ocupante, lo que llevó a la fundación del partido al que Israel culpa de su actual guerra contra Líbano, Hizbola.

Lo aprendido en 1982 no se ha olvidado nunca. De hecho, todavía hoy se aprecian las consecuencias de la retirada de la OLP, ya que el trauma de esa retirada provocó una serie de acontecimientos que dio lugar a un cambio ideológico radical.

Aunque se ha afirmado a menudo que los acontecimientos ocurridos tras la aparición del orden mundial posterior a la Segunda Guerra Mundial (basado en el sistema de las Naciones Unidas y en las ideas de derechos humanos y de derecho internacional) habían sido el preludio de cambios que invalidaban los antiguos modelos de lucha armada, la dura situación de Palestina hoy en día ha invalidado en gran parte este argumento.

Se supone que las naciones se comportan de forma racional en base al modelo del «orden basado en normas» y de la «democracia liberal occidental». Por consiguiente, según esto, Israel, que se supone encaja dentro de la definición de Estado moderno, se comporta de forma racional.

Las facciones de la resistencia palestina afirmaban antes del 7 de octubre de 2023 que su lucha armada era necesaria y que no luchaban contra un enemigo racional. Casi tres años después ha quedado demostrado que tenían razón. El que fuera líder de Hamas en Gaza, Yahya Sinwar, cuestionó la idea de dar por sentada la naturaleza racional de Israel y mantuvo que gracias a la lucha armada la reacción de quienes ocupaban su pueblo dejaba a este dos opciones, una guerra total regional o un acuerdo negociado de dos Estados.

El filósofo revolucionario argelino Frantz Fanon afirmó que «el colonialismo no es una máquina pensante ni un ser dotado de facultades racionales. Es violencia en su estado natural y solo cederá cuando se enfrente a una violencia mayor». Aunque Fanon lo escribió en referencia a la guerra de Argelia contra Francia, se puede considerar que este razonamiento inspiró en gran medida la doctrina fundacional del partido Fatah, que defendía que la lucha armada era necesaria como medio de liberación nacional. La expulsión de Argelia en 1962 de entre 800.000 y 900.000 colonos franceses «pies negros» junto con las fuerzas ocupantes francesas fue durante mucho tiempo una referencia para la resistencia palestina, en particular para el partido Fatah.

Inmediatamente después de la «Operación Inundación de Al-Aqsa» la antes mencionada cita de Fanon incluida en su libro fundamental Los condenados de la tierra se volvió a recordar para defender el ataque del 7 de octubre de 2023, un ataque que había sido planeado y organizado por las Brigadas Al Qassam de Hamas. Una crítica generalizada de este razonamiento fue que la violencia a la que asistimos ese día no podía superar la violencia de Israel y que la ocupación israelí de Palestina era demasiado diferente de la ocupación francesa de Argelia para que la analogía fuera pertinente.

Como sucede con las analogías, no son perfectas ni tampoco se pretende que lo sean. Lo que estaban haciendo Yahya Sinwar, el dirigente de las Brigadas Al Qassam, Mohammed al-Deif, y otros que habían planeado y organizado el ataque del 7 de octubre era desafiar al ocupante de una manera que no tenía precedentes. Carece de relevancia si eran conscientes de hasta dónde estaba dispuesto a llegar Israel con su respuesta; lo importante, en cambio, es lo que acabó sucediendo.

Israel, con sus armas y tecnología modernas, ha puesto de manifiesto su mentalidad colonial. No hay argumento alguno que sostenga que el genocidio en Gaza es racional: es indiscriminado, ha sido un exterminio y, como hemos visto, no ha habido ningún plan cuidadosamente calibrado, sino que los sionistas han atacado en todos los frentes imaginables y, a consecuencia de ello, la opinión pública mundial se ha unido en su contra. Como predijo Sinwar, el comportamiento totalmente irracional de Tel Aviv ha llevado a una confrontación regional y antes de ello a su ultimátum.

Para quienes conocen la obra de Fanon, otra de sus ideas es que las personas nativas recuperan su dignidad por medio de la lucha armada, una idea sin duda pertinente en el caso de la experiencia palestina.

Se suele considerar que los orígenes del movimiento de liberación palestino moderno se remontan a 1918. Está claro que en los primeros momentos del movimiento nacional la población palestina urbana aportó sus ideas y reivindicaciones, y que también contribuyeron asociaciones como la Asociación Cristiano-Musulmana que se habían establecido como clubes políticos. Como señalaba el influyente escritor y periodista palestino, y alto cargo del FPLP Ghassan Kanafani, la naturaleza semifeudal y religiosa de la dirigencia palestina tuvo muchas consecuencias negativas, pero finalmente contribuyó a fomentar una serie de revueltas.

En los primeros momentos de movimiento nacional bajo el Mandato británico las masas palestinas no estaban constituidas por las comunidades urbanas, sino que eran fellahines (agricultores y trabajadores del campo), unos trabajadores que iban a conformar la columna vertebral de cada revuelta contra los británicos y los sionistas entre 1921 y 1933.

Una de las principales figuras de la historia de la resistencia palestina, Sheikh Izz ad-Deen al-Qassam, empezó a formar a principios de la década de 1930 a personas trabajadoras a las que había reclutado en Haifa y llevaron a cabo ataques armados contra objetivos británicos y sionistas. La consigna de al-Qassam era «se trata de una yihad de victoria o del martirio», una consigna que el portavoz del sector armado de Hamas, Abu Obeida, repitió en cada discurso televisado tras el 7 de octubre de 2023.

Las obras de arte, las literarias y las canciones más icónicas que representan la identidad nacional palestina se han centrado desde hace mucho tiempo en la figura de los fellahines, las personas del campo, y han mostrado especialmente su orgullo por aquellas personas que resistieron con todos los medios de los que disponían: un arma, una granada de mano o una piedra, cualquier herramienta que tuvieran, carecía de importancia, la cuestión era luchar.

Toda una cultura de resistencia se forjó en la experiencia palestina a lo largo de generaciones de revueltas armadas y las diferentes formas de lucha, lo que creó una identidad basada en la idea de defenderse a pesar de tenerlo todo en contra. Después de 1948 el movimiento de liberación nacional de Palestina ha sido liderado de forma predominante por la población refugiada, ya fueran personas desplazadas internas de Gaza, las de los campos de refugiados de la ocupada Cisjordania o las de la diáspora que viven en el exilio en los países vecinos.

Ni la Revolución Árabe de 1936-1939 ni la resistencia a la limpieza étnica de Palestina de 1947-1949 o la histórica batalla de Karameh de 1968 o incluso la guerra de 1982 supuso, ninguna de ellas, una victoria y, sin embargo, cada una acabó representando un medio para llegar a un fin. Las personas que luchan en la resistencia palestina han utilizado una amplia gama de tácticas a lo largo de los diferentes momentos de su lucha, algunas para concienciar a favor de su causa, otras para lograr victorias tácticas y a menudo como un medio de reaccionar a la violencia que se les inflige.

La obsesión de Israel por el desarme, que en estos momentos es parte de una ofensiva regional más amplia de Washington y Tel Aviv, nada tiene que ver con resolver el conflicto, sino con dominar y someter. La idea es eliminar los medios que tiene la población palestina para defenderse, de modo que quede totalmente a merced del régimen ocupante.

Hamas, junto con casi una docena de otras facciones de la resistencia en Gaza, quiere llegar a una solución por medio de un plan de desarme en fases, en el que se almacenen sus armas y solo pueda recuperarlas un futuro Estado palestino. No aceptarán la exigencia de Israel de que se rindan.

No hay ninguna nación que esté desarmada y se le prohíba tener su propio ejército. El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu ha afirmado explícitamente que lo que pretende su gobierno es impedir a toda costa un Estado palestino, mientras que su oposición también está en contra de cualquier acuerdo que lleve a un Estado palestino. El desarme es una manera de acabar con la lucha nacional de las y los habitantes originarios de la tierra, algo que la población sabe muy bien.

«Lo que más enfurece a vuestro enemigo es vuestra determinación a pesar del abandono, vuestra paciencia, vuestro sacrificio y vuestra resistencia a la opresión y a las privaciones. La noche acabará inevitablemente. La victoria llega con la paciencia y el alivio con las dificultades. Y tras cada dificultad llega calma», afirmó Huthaifa Samir al-Kahlout (Abu Obeida), el que fuera portavoz de las Brigadas al-Qassam Brigades, en un discurso a la población de Gaza antes de ser asesinado.

Robert Inlakesh es periodista, escritor y director de documentales, centrado en Asia Occidental y especializado en Palestina.

Texto original: https://www.palestinechronicle.com/palestinian-resistance-and-the-politics-of-disarmament-a-historical-perspective/

Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelión como fuente de la traducción.


ℹ️ Atribución de Fuente: Este texto ha sido reproducido de forma íntegra y literal respetando los derechos de distribución pública del emisor.
Medio original: rebelion.org
Enlace oficial: Ver artículo original aquí

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