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Radio Victoria

La degradación de la tierra en Latinoamérica es originada principalmente por los monocultivos, semillas transgénicas y el uso de agroquímicos, dicen los especialistas. Foto: cortesía FAO.

La degradación de la tierra en Latinoamérica es originada principalmente por los monocultivos, semillas transgénicas y el uso de agroquímicos, dicen los especialistas. Foto: cortesía FAO.

En la COP17 de Desertificación en Mongolia, especialistas advierten que la degradación de los suelos amenaza la producción de alimentos y llaman a transformar los patrones de consumo hacia dietas más sostenibles y conectar a las personas con el origen de sus alimentos.

Por Gonzalo Ortuño López*

Mongabay Latam, 29 de agosto, 2026.- Cada alimento que llega a la mesa -la carne, huevo, cereales, verduras, el café e incluso el agua que consumimos- está directamente vinculada con la tierra que habitamos. Sin embargo, la forma en cómo se obtienen los alimentos está impactando los suelos, por lo que su restauración fue un tema clave en la Convención de Naciones Unidas para combatir la Desertificación y la Sequía (COP17), que finalizó este viernes en Mongolia.

De acuerdo con Naciones Unidas, el 40 % de las tierras del planeta están degradadas y desde el año 2000 las sequías aumentaron en un 29 % su frecuencia y duración. Durante esta cumbre se han propuesto iniciativas y alianzas que buscan restaurar la tierra para garantizar la producción de más alimento para el futuro.

Sin embargo, especialistas presentes en la COP17 explican a Mongabay Latam que el vínculo entre los alimentos con los territorios y la vida diaria de las personas es un aspecto que poco se aborda en estas discusiones, pese a la evidencia científica que existe.

Barron Joseph Orr, jefe científico de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (UNCCD), explica la desconexión con un ejercicio sencillo: a un grupo de niños se les pide en clase que dibujen un pollo y la mayoría de ellos dibuja un pollo ya procesado y cocinado, envuelto en una bolsa de supermercado. “En otras palabras, la conexión entre lo que comemos y el suelo es muy débil”, advierte el especialista.

Aunque la alimentación y la salud de la tierra están presentes en la agenda de la COP17, especialistas señalan que se hace desde una visión enfocada en la producción, pero sin abordar suficientemente la conexión con los patrones consumo y las dietas de las personas, especialmente desde las grandes ciudades, las cuales pueden generar una presión en el uso de la tierra.

Glenda Inés Mangia, coordinadora del área de alimentación y agroecología de la Fundación Cauce Cultura ambiental Causa Ecologista de Argentina, explica que Latinoamérica vive con la constante degradación de las tierras, donde predominan los monocultivos, semillas transgénicas y el uso de agroquímicos, los cuales aceleran la pérdida de materia orgánica en el suelo y que son clave para su regeneración.

“Esto afecta la composición orgánica, altera los ciclos biogeoquímicos de nitrógeno y fósforo y con el tiempo una degradación significativa que no sólo genera alimentos de menor calidad nutricional, sino que también va disminuyendo la posibilidad productiva y de rendimiento que tiene el suelo”, explica la especialista a Mongabay Latam.

Para esta organización de la sociedad civil presente en la COP17 es necesario que estos espacios también trabajen con las personas y sus elecciones alimentarias por lo que acudieron a la cumbre con la propuesta de una dieta de salud planetaria como un concepto científico que promueva otras formas de alimentación sostenibles.

“Hay una vasta evidencia científica que ha demostrado que hay cultivos que generan menor presión sobre la tierra. Se ha modelado un tipo de dieta que no solo genera un incremento en la salud de las personas a nivel nutricional”, señala Mangia, sino que también tiene un bajo impacto ambiental y que de acuerdo a los diferentes contextos podría incorporarse a políticas alimentarias.

La propuesta implica que las personas puedan incrementar el consumo de alimentos de origen vegetal, por generar una menor demanda de superficie terrestre para su producción, y moderar el consumo de los de origen animal, principalmente lácteos y carne vacuna que requieren grandes extensiones de tierra.

“La combinación de legumbres con cereales y vegetales, tanto en desayuno, merienda, almuerzo y cena sería un gran primer paso para mejorar la alimentación y contribuir a la reducción de la degradación de la tierra”, sostiene.

En 2025, un grupo de científicos publicó un artículo que advierte que ante una inminente crisis alimentaria son necesarias las transformaciones en los sistemas alimentarios. El contexto es que estiman un aumento necesario del 56 % en la producción de alimentos para 2050 si mantenemos la tendencia actual.

La investigación señala a las algas y a los mariscos, bajo una acuicultura responsable, como alternativas sostenibles y saludables de alimento, por lo que recomiendan sustituir el 70 % de la carne roja producida de forma insostenible por mariscos de origen sostenible, como pescados y moluscos silvestres o de cultivo. “Esto permitiría ahorrar 17.1 millones de kilómetros cuadrados de tierra actualmente utilizada para pastos y alimentación animal”, sostiene el artículo publicado en la revista Nature.

Sin embargo, se precisa que estos cambios son especialmente relevantes para los países más ricos con alto consumo de carne, pues en regiones con mayor pobreza los productos de origen animal son cruciales para la nutrición.

De acuerdo con el artículo, los cambios en las dietas, junto con la restauración de tierras y la reducción del desperdicio de alimentos permitirían preservar o restaurar aproximadamente 43.8 millones de kilómetros cuadrados en 30 años.

En medio de la discusión sobre la degradación de los suelos, las sequías y su impacto en la alimentación, los especialistas también llaman a involucrar más a las ciudades en estos fenómenos por su papel como demandantes de alimento.

Alejandra Ramos Gálvez, investigadora del Instituto para el Ambiente y Seguridad Humana de la Universidad de Naciones Unidas (UNU-EHS), explica que al importar la mayoría de los alimentos que requieren, las ciudades pierden de vista la contribución que hacen a la degradación del territorio.

“Necesitamos ciudades capaces de producir sus propios alimentos porque si importamos todos de otras zonas no vemos la degradación que podría estar causando. Hay proyecciones que para 2050 cerca del 80 % de la población vivirá en ciudades, este vínculo podría enfatizarse más”, dice a Mongabay Latam la especialista en gestión de manejo de recursos naturales y ciencias de la sostenibilidad.

Joseph Orr coincide en la necesidad de incorporar el aspecto alimentario en la planificación de las ciudades a diferentes niveles. “Si realmente participamos en la planificación, distribuimos los alimentos donde se necesitan, protegemos la biodiversidad y el agua dulce e implementamos medidas de mitigación del cambio climático resolveremos muchísimos problemas”, sostuvo el especialista a medios de comunicación durante una conferencia de prensa en la COP17.

Además, agregó que estas decisiones pueden ayudar a las comunidades no solo a subsistir sino también a prosperar económicamente restaurando sus tierras.

Ramos precisó que no se trata de recuperar antiguos ecosistemas en las ciudades sino los beneficios de las tierras que habitamos.

“El mensaje principal es que el desarrollo urbano vaya de la mano de una gestión responsable del ambiente y de las tierras urbanas. Con ello podríamos cubrir necesidades alimentarias al tener huertos urbanos, jardines colgantes que conectan inmediatamente con los sistemas de agua. Es necesario pensar en otras estrategias enfocadas a la necesidad de cada ciudad”, dice la especialista en la COP17.

Para esto, sostiene Mangia, también es clave incorporar a las personas como actores clave, especialmente en las grandes ciudades y no solo en los productores o tomadores de decisiones.

“Las personas que a través de nuestra alimentación diaria generamos una demanda y al estar en la ciudad, tal vez, estamos un poco desconectados con la zona rural buscamos representatividad desde la sociedad civil”, apunta la especialista en nutrición.

Para los especialistas, la discusión sobre seguridad alimentaria y restauración de la tierra está incompleta si el sector privado e instituciones financieras no participan en la inversión de soluciones que ayuden a que los sistemas sean más resilientes.

“En esta convención en particular el sector privado no tiene mucha presencia, son pocas las empresas que están aquí y van con otras intenciones o intereses. Es necesario incorporar tanto a productores, al sector agrícola y a la industria alimentaria para debatir, generar consensos en el mismo sentido”, considera Mangia.

Además, la especialista sostiene que esta agenda permite ver la conexión de la convención sobre tierras con la de biodiversidad y la de cambio climático, las cuales abordan también el enfoque de la alimentación.

Por otro lado, la Iniciativa Emblemática Mundial para la Seguridad Alimentaria, iniciada en 2024 en la COP16 en Riyadh, logró avanzar en un acuerdo con 40 gobiernos, organizaciones internacionales, sociedad civil, científicos, así como instituciones financieras y sector privada en una plataforma que permita financiar innovaciones científicas para la agricultura y la restauración de suelos en proyectos para producir más alimentos.

En este acuerdo, que por ahora se enfoca principalmente en el Sahel de África, buscará movilizar más de 10 000 millones de dólares en inversiones para beneficiar a más de 120 millones de agricultores y no depender de recursos públicos.


* Gonzalo Ortuño López es editor-colaborador de Mongabay Latam desde México. Se dedica a contar historias con perspectiva ambiental y climática.


Fuente: www.servindi.org

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