
Organización resalta que deforestación destruye hábitat de especies_Foto: Greenpeace
Jaguar, la nutria gigante y el águila arpía enfrentan presiones en supervivencia por la pérdida de bosque y de ecosistemas.
La organización resalta que el cuidado de la biodiversidad no se limita a la preservación de la cantidad de ejemplares también al cuidado del territorio donde habitan y que hace posible su existencia.
“Cuando un bosque desaparece, esa red comienza a romperse: se pierden hábitats, se fragmentan los territorios, se alteran los cuerpos de agua y las especies quedan cada vez más expuestas” explica Greenpeace.

En la Amazonía colombiana la destrucción y alteración de ecosistemas pone en riesgo a tres especies que cumplen roles fundamentales como: el jaguar, la nutria gigante y el águila arpía, especies que necesitan del bosque para sobrevivir.
“La biodiversidad no está separada de las decisiones que tomamos sobre el territorio. Cada hectárea de bosque que se transforma puede significar la pérdida de alimento, refugio, corredores y lugares de reproducción para especies”, señala Laura Caicedo, coordinadora de Campañas de Greenpeace Colombia.
El jaguar (Panthera onca), el felino más grande de América, considerada una especie amenazada por el Ministerio de Colombia, es un depredador tope que contribuye a regular las poblaciones de sus presas y al equilibrio de los ecosistemas.
Sin embargo, la deforestación y la fragmentación del bosque a causa del crecimiento de la frontera ganadera, reducen el hábitat disponible y la conectividad entre poblaciones., aumentando las presiones sobre este felino
En el caso de la nutria gigante (Pteronura brasiliensis), una especie en peligro, su supervivencia depende de ríos, caños, lagunas, humedales y bosques inundables, que requieren vegetación en las orillas para refugiarse y construir sus madrigueras.
Por eso, la deforestación tiene consecuencias sobre esta especie cuando elimina la vegetación ribereña, favorece la erosión y aumenta la sedimentación de los cuerpos de agua. A ello se suma la minería ilegal que vierte mercurio a los ríos.
Por otro lado, el águila arpía (Harpia harpyja), considerada el mayor depredador del dosel de los bosques neotropicales, necesita de grandes extensiones de árboles para construir sus nidos, que pueden ubicarse entre los 20 y 40 metros de altura.
Las águilas arpías tienen una tasa reproductiva lenta: construyen sus nidos en grandes árboles, ponen pocos huevos y normalmente solo uno de los polluelos sobrevive. Por eso, la desaparición de un árbol que puede parecer aislada desde el suelo puede significar mucho más para una especie que depende de estos.
En este Día Internacional de la Diversidad Biológica, Greenpeace Colombia hace un llamado a mirar la Amazonía más allá de sus árboles, comprendiendo la coexistencia de muchas otras formas de vida.
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